El eco metálico del balón resuena como un corazón que late en el pabellón de São Paulo. Cada golpe, cada rebote, es música para los oídos de quienes, tras un antifaz negro, compiten guiados por el sonido. En medio de ese concierto de coraje y precisión, un jugador español vuelve a sentir la emoción de estar en el epicentro del mejor goalball del planeta. Javi Serrato, sevillano, disputaba por cuarta vez el campeonato brasileño, el más competitivo y desarrollado del mundo.
Un honor que, hasta ahora, ningún otro jugador nacido en España ha alcanzado. “Con 35 años, estoy en una etapa en la que me replanteo mi situación en el goalball. No sabía si estaba ayudando o siendo un lastre a los equipos para los que juego”, confiesa. Pero pronto, el viaje y la competición le devuelven las respuestas.
“Una vez allí, me doy cuenta de que sigo aportando, la gente me trata muy bien y he salido reforzado, salgo creyendo en lo que hago, no pierdo la pasión. Me siento muy orgulloso de jugar este torneo. Recién acabo de llegar a casa y ya tengo anhelo de esto. Toca esperar un año para volver”, explica.

Goles, paradas y sexta posición en el campeonato
El andaluz ha vuelto a demostrar su valía en el UNIACE, conjunto con el que ha logrado la sexta posición del campeonato. En la fase de grupos, sumaron dos victorias y una derrota, y en cuartos de final plantaron cara al SESI, tricampeón de las ediciones anteriores y también campeón del mundial de clubes. Serrato se lució en defensa y aportó siete goles en ataque. Un rendimiento sobresaliente en la liga más exigente del mundo.
Brasil respira goalball. Lo siente, lo vive, lo celebra. En el pabellón, hay aficionados animando, patrocinadores apostando, medios de comunicación y un respeto casi sagrado por este deporte nacido de la oscuridad y guiado por el sonido. Allí, la pasión se mezcla con la alegría y la música, con ese modo tan brasileño de celebrar incluso el esfuerzo.
La selección brasileña masculina es una de las grandes potencias del goalball: campeona paralímpica en Tokio 2020, plata en Londres 2012, bronce en Río 2016 y París 2024, además de varias veces campeona del mundo. Un espejo en el que muchas naciones quisieran mirarse.
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España lleva años atascada en este deporte
España, sin embargo, parece darle la espalda a un deporte que alguna vez prometió más. “En Brasil tienen muchos jugadores donde elegir, el nivel no baja. También hay ventajas fiscales para las empresas que apuestan por este deporte. En España, deberíamos preguntarnos si la toma de decisiones a nivel estructural perjudica o beneficia al goalball”, reflexiona Serrato.
Su crítica va más allá de lo personal, es un diagnóstico amargo sobre la falta de impulso institucional. “Es un deporte tan específico, que sigue dependiendo de la federación. Y se mantiene al mismo seleccionador -Paco Monreal- desde 1998. Se buscan más excusas que ganas por competir y mejorar. En Europa, hay países pequeños que tienen subidas y bajadas, pero es en España donde solo se ve un futuro oscuro”, lamenta.
El goalball español vive un largo letargo. No acude a unos Juegos Paralímpicos desde Pekín 2008, un vacío en un deporte que compitió de tú a tú frente a las grandes potencias. En los últimos años, el nivel ha caído tanto que la selección masculina llegó a descender a la división C, el escalón más bajo del continente. La femenina, en cambio, está en el Europeo A -después de diez años en la división B- aunque su reciente participación se saldó sin una sola victoria: todo derrotas, un penúltimo puesto.

En España, la disciplina sobrevive más por amor que por estructura. Los jugadores deben sacar horas de donde no las hay, robándoselas al descanso o a sus trabajos para poder entrenar. Pero el problema, dice Serrato, va más allá de la falta de medios.
“No es un problema de jugadores, sino de planteamiento y preparación. Hemos naturalizado perder, nadie hace nada para solucionarlo entre todos, y con esa dinámica es imposible mejorar. La selección masculina no ha jugado este año ningún torneo. La temporada que viene su objetivo es mantenerse en el Europeo B, no creo que suban de categoría”, lamenta el sevillano, quien no cuenta para el seleccionador nacional.
Dos décadas al son de los cascabeles
Más de dos décadas lleva Javi Serrato deslizando la pelota sobre el suelo, marcando goles y deteniendo lanzamientos. A los once años, aquel sonido metálico del cascabel que guía el balón se convirtió en la banda sonora de su vida. Probó antes atletismo, natación y remo, pero fue el goalball el que le robó el corazón. En la pista se sentía libre, igual que los demás, desprendido por fin de las limitaciones que su retinosis pigmentaria le imponía.
De niño imitaba a sus ídolos del Real Betis Balompié en el patio del colegio o en el albero de Pino Montano, su barrio sevillano, donde creció como un chiquillo más pese a su escaso resto visual. Su madre, preocupada por su audacia, lo apuntó a natación cuando lo vio lanzarse al agua sin manguitos. Aprendió a nadar, pero pronto se aburrió.
El atletismo llegó después, inspirado por la plata de Yago Lamela en el Mundial Indoor de Maebashi, en 1999. En la playa imitaba sus saltos, soñando con volar como él. Pero su destino cambiaría en el Centro de Recursos Educativos Luis Braille de Sevilla, donde conoció el goalball. Allí supo que ese deporte, nacido en la Europa de posguerra gracias al ingenio de los doctores Hans Lorenzen y Seep Reindl como terapia para soldados heridos, sería su camino.

Campeón en España y Portugal, y plata europea
En la pista, Serrato encontró su libertad. En la oscuridad descubrió una melodía: el tintineo del balón mezclado con el eco de las respiraciones y los reflejos. Aquella mezcla de hierro y esperanza se convirtió en su brújula. Ha vestido los colores del equipo Sevilla, con el que ha conquistado varios títulos, del Sporting de Portugal, con el que ganó Liga y Copa, además de proclamarse subcampeón del mundo y de Europa, y del Clube Atlético e Cultural, consiguiendo Liga y Taça portuguesa.
Su trayectoria con la selección española fue también extensa. Ganó una plata europea en 2013, el último gran éxito del goalball español. Sin embargo, su último partido con el combinado nacional fue en 2019. “Ya no albergo ninguna esperanza en volver. El seleccionador dejó de llamar a muchos jugadores, de gran calidad, y que por eso han dejado el deporte. Eso es algo para que se hiciera mirar la Federación Española de Deportes para Ciegos. El deporte a la gente con discapacidad les hace tener una autonomía y bienestar emocional”, recalca.
Pese a todo, sigue jugando, creyendo. Alterna el goalball con el fútbol para ciegos, modalidad en la que también ha saboreado la gloria con el Real Betis al ganar varios títulos, e incluso jugó con la selección española en el Mundial de Birmingham 2023. “He cumplido una de las mayores ilusiones de mi vida, que es vestir la camiseta del club de mis amores. Me voy desenvolviendo mejor, pero nunca seré tan determinante como en el goalball”, confiesa.
Porque en ese deporte de sombras y sonidos, donde el silencio es regla y el oído es guía, Javi Serrato encontró su lugar. Un territorio donde la pasión no se ve, pero se siente. Donde la oscuridad no apaga, sino que ilumina. Y donde, aunque España parezca haber olvidado el camino, él sigue marcando el rumbo, guiado por el eco metálico de una pelota que, desde hace más de veinte años, marca el compás de su vida.
