Bajo las luces blancas del tatami y el eco de los ippones en el pabellón de Tiflis (Georgia), Rodrigo Suárez ha escrito la primera página de su historia en la élite del judo para ciegos al ganar un bronce en el Europeo, en la categoría J2 +95 kilos.
El joven judoka madrileño logra una medalla que no solo pesa en metal, sino en significado: su consagración entre los grandes de Europa. Con apenas 19 años, subió al podio tras perder dos combates -ante el británico Jack Hodgson y el georgiano Revaz Chikoidze- e imponerse en otros dos: al francés Nacer Zorgani y al ruso Ilias Magomedov.
Lo hizo con la templanza de quien no se deja intimidar por el escenario, pero con la intensidad de quien sabe que cada minuto sobre el tatami puede cambiar un destino.
Hasta ahora, Rodrigo se había medido con los mejores en Astana (Kazajistán), en un debut mundialista que ya hablaba de su potencial. También había dejado su huella en la Copa del Mundo, plantando cara sin complejos. Pero en Tiflis, el judoka dio un paso más. Subir al podio fue más que una victoria: fue una declaración. El futuro ya no es una promesa, es presente.
Este bronce llega pocos meses después de que se colgara el oro en los Juegos Paralímpicos Europeos de la Juventud, celebrados en Estambul. Allí dominó con autoridad. Hoy, en categoría absoluta, confirma que el talento no tiene edad y que la madurez se entrena tanto como el físico.
El medallero español lo estrenó, en la jornada anterior, otra medalla de bronce: la de Marta Arce, veterana vallisoletana, cuádruple medallista paralímpica, en J2 -60 kilos. Su experiencia y técnica volvieron a situarla entre las mejores del continente.
En el lado más amargo, Sergio Ibáñez rozó el podio en J2 -70 kilos con un meritorio quinto puesto, el mismo resultado que obtuvo Íñigo Gerbolés en -95 kilos, tras perder el duelo por el bronce. Los debutantes Norberto Tuñón, en J1 -81 kilos, y María Campos, en J2 +70 kilos, cayeron en todos sus combates.
