La vertiginosa irrupción de Andrea Miguélez, una perla del triatlón

La madrileña, de 18 años, ha debutado internacionalmente a lo grande tras proclamarse campeona del mundo y de Europa en categoría PTS3. “Voy a luchar por ir a los Juegos de París 2024”, dice.

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La triatleta madrileña Andrea Miguélez al llegar a meta en el Mundial en Abu Dhabi. Fuente: World Triathlon

A base de brazadas, pedaleos y zancadas que rezuman descaro, tesón y talento, Andrea Miguélez ha logrado atornillarse a la élite del triatlón en el año de su bautismo. De rostro bonancible y aniñado, cuando se enfunda el tritraje transforma su candidez en fiereza e indomabilidad. A sus 18 años, la nueva perla de la ‘ParaTriArmada’ apenas ha necesitado tres pruebas para desplegar su potencial y vertiginosa irrupción. Oros en la Copa de Mundo de A Coruña, en el Europeo de Valencia y en el Mundial de Abu Dhabi (Emiratos Árabes Unidos).

Esa es su carta de presentación para liderar el ranking en categoría PTS3 (discapacidades significativas). Con humildad y trabajo acelera entre las mejores, pero fija los pies en el suelo, todavía necesita tiempo de cocción. “No me esperaba ganar estas competiciones tan rápido, todo ha ido rodado desde que me clasificaron internacionalmente en junio. Mi carrera acaba de arrancar, me queda mucho camino por recorrer, pero comenzar con estos resultados me da un plus de motivación y me tiene que servir de impulso para lo que vendrá en el futuro”, recalca.

Su ambición, ilusión y personalidad arrolladora empujan más de lo que resta la bisoñez de esta madrileña de 18 años. Su fortaleza mental y constancia son los pilares que ha ido cultivando desde pequeña, cuando tuvo que lidiar con una enfermedad rara. Nació con la malformación de Arnold Chiari, una afección en la cual el tejido cerebral se extiende hacia el canal espinal, causando presión en cerebelo y tronco encefálico. “A mí me afectó en la respiración a partir de los tres años. En una noche podía tener más de 300 episodios de apnea, por lo que podría haber derivado en muerte súbita”, relata.

Después de numerosas pruebas sin respuestas, a los seis años le hicieron una cirugía de descompresión de la fosa posterior del cráneo. “Me limaron las tres primeras vértebras cervicales para proporcionar espacio y aliviar esa presión. Las posibilidades que existían cuando terminase la operación eran quedarme en una silla de ruedas, en coma o fallecer”, confiesa. Después de un par de meses postrada en la cama de un hospital con un entramado de cables y tubos, Andrea tuvo que empezar desde cero.

“Salí como si fuese un bebé, sin equilibrio, olvidé como se andaba y fue frustrante. Los médicos no apostaban porque volviese a caminar y mucho menos que hiciera deporte. Me enseñaron a gatear y luego a andar, parecía un muñeco de ‘Playmobil’, era incapaz de coordinar los brazos y las piernas. Una de las secuelas fue una parestesia en la mano izquierda, no la siento ni controlo, no tengo fuerzas para coger cosas. Y hace unos años surgieron problemas en las piernas, se me hinchan y se me duermen, no saben el por qué ni mejoro con las medicaciones”, comenta.

Jamás claudicó, le echó redaños para revertir la situación y lo hizo abrazada al deporte. Primero con la natación para fortalecer la espalda y el cuello, en el que luce una cicatriz de 46 puntos. Y luego volvió a subirse a la bicicleta, siguiendo la tradición familiar con el ciclismo. “Mi abuelo, mi padre y mi tío competían. La bici siempre ha estado presente en mi vida”, asegura. Motivada por su hermano pequeño se enganchó al triatlón. “Iba a los entrenos a verle y me encantó el ambiente que había. Eso sí, la carrera a pie la odiaba, no me gustaba correr”, dice entre risas.

Acabó enrolada en el Club Triatlón 401, dirigido por Ángel Salamanca, que ha ganado medallas internacionales como guía de Jota García y Héctor Catalá, y también es pareja de Eva Moral, bronce en los Juegos Paralímpicos de Tokio y un espejo en el que se mira Andrea: “No todo el mundo tiene la suerte de entrenar con alguien como ella, me enseña y corrige, es mi guía”. “Llevo siete años compitiendo en pruebas convencionales y para mí era un hobby, un estilo de vida, sabía que no iba a llegar lejos, hasta que Ángel les propuso a mis padres que probase en paratriatlón, que me abrió las puertas a un nuevo mundo y me da la posibilidad de dedicarme profesionalmente a ello”, subraya.

El veterano Kini Carrasco la reclutó para el equipo de promesas y en junio debutó en A Coruña con un oro en la Copa del Mundo. En septiembre también se impuso en el Europeo de Valencia y a principios de este mes conquistó el Mundial en Abu Dhabi. “Ni en sueños podría salir mejor. Hace unos meses nadie sabía quién era, ni siquiera mis compañeros de selección, y ahora estoy peleando con las mejores triatletas. Todavía no soy consciente de lo que he conseguido, estoy en una nube”, expresa.

Andrea Miguélez en el primer peldaño del podio en el Mundial disputado en Abu Dhabi. Fuente: World Triathlon

Embriagada por la emoción, la joven triatleta tiene grabado a fuego su primer título en un campeonato del mundo: “Las horas antes de la competición me las pasé llorando, estaba muy nerviosa. Héctor Catalá se acercó a mí y me tranquilizó, me dijo que disfrutara cada momento y que lo diese todo en cada segmento. Ya en el pontón de salida me relajé y nadé muy bien. En la bici también me salió un gran tiempo y la carrera a pie se me hizo dura por el calor. Cuando pisé la moqueta azul hacia la meta y veía que ya ganaba, me puse otra vez a llorar, fue algo único”.

Ha roto el cascarón y su eclosión es una realidad. Pero también es consciente de que esto solo acaba de empezar. “Tengo muchas ganas de continuar y trabajar duro para perfeccionar cada segmento porque soy capaz de llegar más lejos”, indica la madrileña, que se considera una triatleta “sufridora” y a la que le gusta que le exijan y le den caña en los entrenamientos.

El próximo curso confía en realizar el mayor número posible de competiciones para escalar posiciones en el ranking común entre las clases PTS3, PTS4 y PTS5 que dará los billetes para los Juegos Paralímpicos. “La mía (PTS3) no está en el programa, así que para aspirar a estar en París 2024 tengo que ser mejor que muchas rivales de categorías con menor discapacidad. Y para ello tengo que buscar y ganar puntos en todos los campeonatos que haya. Será difícil, pero voy a luchar por ir a los Juegos, el mayor regalo que puede obtener un deportista”, apostilla.

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