La esgrima en silla de ruedas es una de las disciplinas más espectaculares del movimiento paralímpico. Su origen moderno se remonta al siglo XX, cuando sir Ludwig Guttmann, fundador de los Juegos Paralímpicos, la impulsó como herramienta de rehabilitación para soldados británicos heridos en la Segunda Guerra Mundial en el hospital de Stoke Mandeville.
Desde su debut en los Juegos Paralímpicos de Roma 1960, este deporte ha evolucionado hasta convertirse en una competición altamente técnica, dinámica y rigurosamente reglamentada.
Aunque la lucha con espadas tiene miles de años de historia, la versión deportiva y moderna de la esgrima nace en el siglo XIX. Su modalidad en silla de ruedas emerge a mediados del siglo XX gracias a Guttmann, quien buscó promover la autonomía y la recuperación física de los veteranos de guerra.
Equipamiento obligatorio
Los esgrimistas compiten con las sillas de ruedas firmemente fijadas a un marco metálico conocido como pista. Esta estructura garantiza estabilidad y permite un rango de movimientos amplio en el tronco y el tren superior.
Debido a la velocidad del combate, el uso de máscara, guantes y chaqueta protectora es obligatorio. En la modalidad de espada, además, los deportistas utilizan un delantal metálico que protege las piernas y las sillas de impacto.
Los duelos comienzan en la clásica posición de “en garde”, con las armas levantadas, a la espera de la orden de “play” del árbitro para iniciar el asalto.
Duración del combate y puntuación
La competición se apoya en un sistema electrónico que registra los toques válidos. En las rondas preliminares gana el primero en llegar a cinco puntos o quien tenga más puntuación tras un asalto de tres minutos. En eliminación directa, vence el primero en alcanzar 15 puntos o quien lidere el marcador tras tres periodos de tres minutos.
La distancia entre los deportistas se fija en función del alcance del tirador que tenga el brazo más corto al extenderlo. Este puede elegir si la separación será la de su longitud o la de su oponente.

Las armas de la esgrima en silla
En este deporte se emplean las mismas tres armas de la esgrima convencional, cada una con reglas específicas.
Espada: la más pesada (770 g) y rígida. Los puntos se marcan con la punta en cualquier parte del cuerpo por encima de la cintura.
Florete: ligero y muy flexible. Solo puntúa el toque con la punta en el torso del rival.
Sable: permite tocar con punta, filo o dorso de la hoja. La superficie válida también se sitúa por encima de la cintura.
En florete y espada solo cuenta el toque con la punta, mientras que en sable se permite también golpear con el filo.
Clasificación funcional de los deportistas
La esgrima paralímpica divide a los competidores en dos clases:
Categoría A: deportistas con buen control de tronco y brazo dominante plenamente funcional. Pueden tener limitaciones en las piernas, pero no siempre utilizan silla de ruedas en su vida diaria.
Categoría B: atletas con afectación en tronco o en el brazo que porta el arma. Algunos deben sujetarse con el brazo libre para mantener la estabilidad al atacar o defender.
Desde su incorporación en 1960, la esgrima en silla de ruedas se ha convertido en un referente del movimiento paralímpico por su espectacularidad técnica, su velocidad y la intensidad de sus duelos. Cada edición de los Juegos Paralímpicos muestra la evolución de un deporte que continúa creciendo, ofreciendo combates llenos de precisión y estrategia.
