Cinco meses después de guardar la espada y el florete en silencio obligado, Judith Rodríguez vuelve a escuchar el sonido metálico del acero al chocar. Vuelve la tensión eléctrica del asalto. Vuelven los nervios que preceden al “en garde”. La referencia de la esgrima en silla de ruedas en España, medalla de bronce en los Juegos Paralímpicos de París 2024, regresa esta semana a la competición en la Copa del Mundo de Pisa, primera estación del camino hacia Los Ángeles 2028.
En la ciudad de la torre inclinada, la viguesa del Club El Olivo retoma su pulso competitivo tras meses de incertidumbre física y batalla mental. El hombro derecho, ese que sostiene el arma y dibuja los ataques, la obligó a frenar a finales de 2025. Las molestias persistentes derivadas de la operación a la que se sometió en febrero de ese año no le permitieron cerrar la temporada.
“Voy con el hombro a un 70% de mis posibilidades. Estoy nerviosa porque empecé a entrenar hace poco tiempo y todavía arrastro molestias. Voy con mucha ilusión, con la intención de ganar y de hacerlo lo mejor posible, pero tanto la fisio, el psicólogo como el equipo técnico me recuerdan que no estoy recuperada del todo. Mi objetivo es dar el 100% dentro de ese 70%”, ha reconocido.
Del podio paralímpico al dique seco
La recuperación ya le había exigido paciencia antes. Tras la intervención quirúrgica, estuvo siete meses fuera. Regresó en el Mundial de Corea del Sur con un meritorio sexto puesto en florete. Una semana después, en la Copa del Mundo de Indonesia, confirmó que seguía siendo competitiva: plata en florete y bronce en espada.
Pero el esfuerzo tuvo factura. De vuelta en Vigo, el dolor seguía ahí, agazapado. En los entrenamientos le costaba sostener el brazo en alto hasta el final de los asaltos. En noviembre, tras ser examinada por los servicios médicos del Comité Paralímpico Español, tomó otra decisión valiente: parar. Renunció a la Copa del Mundo de Tailandia con la que debía cerrar 2025. Apostó por el descanso, por el trabajo específico de fortalecimiento, por reconstruir sin prisas.
Pisa como termómetro
La cita italiana no es solo una competición, es una prueba de realidad. Competirá en espada y florete, las dos armas que la han llevado a lo más alto, pero también las que exigen precisión y resistencia en cada acción.
“Es la primera competición en la que me dejan tirar desde la recaída de la lesión. Espero que el hombro aguante. Tengo muchas ganas de competir, lo echo de menos. Ahora toca ir cogiendo carrerilla porque en octubre empieza a puntuar el ciclo paralímpico de Los Ángeles 2028. Para entonces confío en estar bien, con capacidad física y técnica”, ha explicado.
Pisa es el inicio de un calendario exigente, después llegarán tres Copas del Mundo más: Eger, en abril; Florida, en mayo; Pattaya, en agosto. Y en octubre, el Europeo de Cardiff. A su lado estará también el coruñés Iago Fernández, que competirá en espada y florete.
