El judo para ciegos español cerró una temporada notable, marcada por la regularidad en los podios internacionales, el regreso exitoso de referentes y la consolidación de una nueva generación que empuja con fuerza. Bajo la dirección técnica de Marina Fernández y Álvaro Gavilán, la selección dejó huella en casi todas las competiciones del calendario, combinando experiencia, resiliencia y una frescura ilusionante.
El curso comenzó en febrero en el Open Internacional de Heidelberg (Alemania) con un arranque contundente: ocho medallas para la delegación española. Destacó el oro de la madrileña María Manzanero en J1 -60 kilos, mientras que la veterana Marta Arce subió al podio con una plata en J2 -60 kilos.
Rodrigo Suárez se colgó el bronce en J2 +95 kilos, confirmando las sensaciones de crecimiento que marcarían su temporada. En categoría júnior, Elsa Lukun Hernández fue oro, Hugo Fidalgo logró la plata y Aminata Coulibaly sumó otro metal plateado, con bronces de Jordan Franco y Omar Touhami.
Varios de esos jóvenes volvieron a brillar en Venray (Países Bajos), en una competición específica para promesas, donde España sumó cinco medallas: tres oros, obra de Hugo Fidalgo, Álvaro Sánchez y Aminata Coulibaly, y dos bronces, conquistados por Inés Rodríguez y Jordan Franco.
Rodrigo Suárez, revelación del año
Marzo trajo una cita de máximo nivel sin recompensa en forma de metal, pero con actuaciones sólidas. En la Copa del Mundo de Tiflis (Georgia), María Manzanero y Rodrigo Suárez firmaron sendos quintos puestos. El madrileño repetiría resultado al ser séptimo, al igual que Íñigo Gerbolés, en el Mundial de Astana (Kazajistán) disputado en mayo.
El gran nombre propio del año fue Rodrigo Suárez, revelación del año. Su progresión constante encontró premio en verano con la medalla de oro en los Juegos Europeos de la Juventud de Estambul, donde también destacó Elsa Lukun Hernández, que se colgó la plata en J1 -52 kilos.
Agosto estuvo marcado por uno de los regresos más esperados: el de Sergio Ibáñez. El aragonés, subcampeón paralímpico en Tokio 2020, volvió a competir tras pasar por el quirófano para operarse la muñeca izquierda, lesión que le mantuvo apartado del tatami durante media temporada. Su retorno fue exitoso, con un bronce en el Grand Prix de Giza (Egipto) en J2 -70 kilos.

Dos bronces europeos
En la ciudad de las pirámides también subió al podio Marta Arce, incombustible a sus 48 años, demostrando que el tiempo no erosiona su ambición ni su competitividad. Un mes después, en el Campeonato de Europa de Georgia, la vallisoletana volvió a escribir una página más de su carrera al lograr el bronce en J2 -60 kilos, ampliando un palmarés excepcional que incluye cuatro medallas paralímpicas: platas en Atenas 2004 y Pekín 2008, y bronces en Londres 2012 y París 2024.
El Europeo también confirmó la consagración continental de Rodrigo Suárez, que logró el bronce en J2 +95 kilos, asentándose entre los grandes de Europa con apenas 19 años. En la cita debutaron María Campos y Norberto Tuñón, madrileño que recientemente perdió la visión, mientras que Sergio Ibáñez e Íñigo Gerbolés finalizaron en quinta posición.
Precisamente, ellos dos fueron los encargados de cerrar el año con podios en el Grand Prix de Sao Paulo. Sergio confirmó que la lesión es ya cosa del pasado y se proclamó campeón, recuperando su mejor versión y su sitio entre la élite mundial. Y para Gerbolés llegó por fin la recompensa a años de trabajo silencioso: el navarro conquistó el bronce en J2 -95 kilos, su primera medalla en un Grand Prix, en una temporada en la que regresaba al circuito internacional.
Una campaña que deja un balance muy positivo para el judo para ciegos español, sostenido por la veteranía que resiste, los regresos que inspiran y una juventud que ya no es futuro, sino presente.





