Hay deportistas que ganan medallas. Y hay otros que, además, abren camino. Simón Cruz pertenece a esa estirpe. Pionero del bádminton paralímpico en España, referente silencioso durante años de lucha y resistencia, vuelve a plantarse ante un campeonato del mundo con la serenidad de quien ya ha vivido casi todo y aún se permite soñar.
A las puertas de los 50 años, el jienense afronta en Bahréin, del 8 al 14 de febrero, su octavo Mundial, un registro que solo igualan dos jugadores indios en toda la historia de la disciplina. Lo hace con más calma, con ilusión renovada, con el poso de la experiencia y sin nada que perder. Quizá por eso, también, con más disfrute que nunca.
Su vida dio un vuelco en 1999. Un accidente laboral le dejó al borde de la muerte cuando un molino de orujo destrozó su pierna izquierda, que tuvo que ser amputada por encima de la rodilla. Años después, el bádminton apareció como tabla de salvación. Y no tardó en convertirlo en su territorio.

Siete medallas europeas y una plata mundial
Desde 2007 se erigió en abanderado del bádminton español, compitiendo en la categoría SL3 con una prótesis de carbono en forma de ballesta que le proporciona impulso en un deporte de movimientos explosivos y exigencia máxima. El andaluz acumuló éxitos: siete medallas europeas y una plata mundial en 2011, en Guatemala. Incluso se quedó cerca de la clasificación para los Juegos Paralímpicos de Tokio 2020.
Tras aquel durísimo año entre viajes y competiciones, decidió parar. “Aparqué la raqueta y me surgió la posibilidad, en Andújar, de comenzar en atletismo, en lanzamiento de jabalina en silla. Un deporte totalmente diferente. Fui al Campeonato de España y quedé sexto”, ha explicado. El paréntesis duró casi tres años. Hasta que, en 2024, sus hijos le empujaron a regresar al lugar donde siempre había sido feliz. La raqueta llevaba tiempo arrinconada en casa y era el momento de desempolvarla.
“Hablé con Gustavo López, mi entrenador. Se había quedado una puerta entreabierta y quería cerrarla de la mejor manera”, ha confesado. Ese mismo año se proclamó campeón de España y en 2025 se marcó un objetivo mayor: el Internacional de Vitoria. “La inactividad era muy grande y los jugadores extranjeros eran muy potentes. Fue una prueba durísima, pero conseguí los puntos necesarios para ir al Europeo”, ha comentado.
Buenas sensaciones en el Europeo
El campeonato de Europa, sin embargo, fue un golpe. Tan duro que decidió resetear. Se preparó física y mentalmente como nunca, con el preparador Dani García, con un psicólogo, y el apoyo incondicional de su entorno más cercano -su amigo Andrés Castro, su mujer y su hijo-, que se convirtieron en pilares de su regreso. El resultado llegó en Estambul. Simón alcanzó los cuartos de final, eliminando al cabeza de serie número cinco y finalizando entre los cinco mejores jugadores del continente.
“El bádminton paralímpico es profesional. La gente entrena en centros de alto rendimiento y el nivel es espectacular. No es mi caso, y con mi edad tampoco me veo ahí. Intento competir, pero sé que es difícil alcanzar las rondas finales. Entreno dos días a la semana, tengo una familia, dos hijos. Llegaré hasta donde se pueda”, ha recalcado.
El cuerpo también pasa factura. El muñón de su pierna está muy castigado, el hueso roza la piel tras tantos impactos. “No puedo entrenar más días porque me afecta. Termino cada sesión con unos dolores tremendos. Pero ahora lo disfruto más que antes. Vivo el día a día y saboreo las pequeñas cosas”, ha confesado.

Estar en el Mundial, una victoria
Sin la rapidez de otros jugadores, suple las carencias con experiencia, fortaleza mental y una técnica exquisita, capaz de incomodar a cualquier rival. En Bahréin lo sabe, clasificarse ya es una victoria: “Este es el octavo Mundial de mi carrera. Solo dos indios me igualan. Estar aquí ya es casi como una medalla. Le doy muchísimo valor a estar entre los mejores”.
Simón sabe lo que es subir a un podio mundialista. También sabe que es una rareza en el bádminton español. Solo otro jugador nacional lo ha conseguido: Nacho Fernández, en dobles mixto en 2022. “Con los nuevos talentos que vienen por detrás en la selección española, estoy seguro de que varios lograrán disputar medallas en mundiales. En los próximos años se irán sumando más jugadores a este grupo tan selecto”, ha afirmado.
Su deseo en Bahréin es claro, pasar la fase de grupos y disputar los octavos de final. A partir de ahí, soñar no cuesta nada. Luego llegará el Internacional de Vitoria, en marzo. No piensa más allá. Esta segunda oportunidad no va de resultados. Va de cerrar puertas, de disfrutar, de seguir siendo, una vez más, el guerrero del volante que nunca dejó de creer.
