La mañana del 4 de diciembre de 2015, Paco Motero salió de casa en Madrid rumbo al trabajo como cualquier otro día. Había dejado atrás Huelva, su licenciatura en Administración y Dirección de Empresas y la falta de oportunidades laborales. Tenía un empleo temporal y una moto scooter que le evitaba el metro, al que detestaba. A escasos tres minutos de llegar a la oficina, un coche invadió su carril. El impacto lo lanzó contra el asfalto. Aquel golpe no parecía grave, pero lo cambió todo.
Un hematoma en la espalda presionó su médula espinal. Lesión medular incompleta. Lo operaron de urgencia en el Hospital La Princesa. Luego, una segunda intervención desde la dorsal dos hasta la nueve para fijar la columna. Y una frase que partió su vida en dos: “No volverás a caminar”.
“Cuando recuperé la conciencia solo podía mover la cabeza y supe lo que estaba pasando. Desde el primer momento pensé en la silla de ruedas. Ahí empezó mi segunda vida”, recuerda. Diez años después, Paco es un referente del bádminton paralímpico español, subcampeón de Europa en la categoría WH1 -jugadores en silla- y uno de los nombres habituales en el circuito internacional. Pero antes de llegar a la élite hubo luto, miedo, reconstrucción y aprendizaje desde cero.

Aprender a vivir de nuevo
El Día de Reyes de 2016 ingresó en el Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo. Allí, entre máquinas, batas blancas y pasillos llenos de historias similares, comenzó a rehacerse. “Fue un giro radical, lleno de incertidumbre. Los proyectos y los sueños se truncaron de golpe. Pensé que había tocado fondo. No sabía lo que era la discapacidad. No es solo quedarte en una silla de ruedas, sino todos los daños colaterales que vas descubriendo con el tiempo. No tengo control abdominal, soy como un bebé, me caigo hacia los lados”, confiesa.
Antes del accidente jugaba al fútbol y al pádel de manera amateur. En Toledo, la rutina era estricta: gimnasio, rehabilitación, terapia ocupacional para aprender a ser autónomo. Por las tardes, libertad para probar deportes. Tenis de mesa, tenis, handbike… hasta que apareció el bádminton.
No fue amor a primera vista. “Ese primer día fue horroroso. Me dedicaba a recoger el volante del suelo. No le daba con la raqueta, no sabía moverme. Fue muy frustrante. Pero no me rendí”, admite entre risas. La insistencia y el empujón de su mujer, Lorena, hicieron el resto.

De la frustración a la élite
Aquel deporte desconocido se convirtió en un ancla. En Huelva ya despuntaba Carolina Marín, futura leyenda mundial, pero Paco jamás había empuñado una raqueta de bádminton. Empezó desde cero. Horas, días, meses. Caídas y progresos. Sudor y aceptación. Su primer torneo internacional llegó en 2017, en Mallorca. “Me pegaron auténticas palizas. Pero aprendí mucho. Ves a personas con tu misma discapacidad haciendo cosas increíbles y piensas: si ellos pueden, ¿por qué yo no?”, recuerda.
Con Roberto Galdos como referente, fue creciendo hasta asentarse entre los mejores del mundo en la categoría WH1. Títulos de campeonatos de España, podios europeos, medallas internacionales. En 2023 se proclamó campeón de Europa en dobles mixto. En 2025, en Estambul, fue subcampeón continental individual y bronce en dobles masculino. Hoy ocupa el puesto 12 del ranking mundial. Llegó a ser noveno.
“Nadie nos regala nada. El deporte es sacrificio, dedicación y sufrimiento. Mi hándicap es que ya tengo 35 años, dos hijos -Vega y Bruno- y muchas obligaciones. Profesionalizarte exige mucho tiempo y no puedo descuidar a la familia. Hay que equilibrar la balanza”, afirma con serenidad. Aun así, no se detiene: “Sigo evolucionando y plantándole cara a los de arriba. Los asiáticos dominan este deporte y hay escalones que todavía se resisten, pero tengo margen de mejora”.

El Mundial y el sueño de Los Ángeles 2028
Del 8 al 14 de febrero, Paco Motero afronta en Bahréin su cuarto campeonato del mundo. Nunca ha pasado de octavos de final. El reto es enorme. “Es complicadísimo. En la fase de grupos siempre te toca un cabeza de serie y, si pasas como segundo, te cruzas con uno de los más fuertes. Pero me siento preparado, quiero romper esa barrera. Si llego a cuartos de final, sería un objetivo cumplido. Pasar de grupos ya sería un aprobado”, admite.
Competirá en individual, en dobles masculino junto al alemán Rick Cornell y en dobles mixto con la joven cordobesa Maya Alcaide. “Con Maya llevo poco tiempo, todavía nos estamos conociendo en pista, pero hacemos buena pareja. Cuando tenga más rodaje vamos a rendir muy bien. Hay parejas muy fuertes, pero podemos hacerles sombra”, explica.
Más allá del Mundial, el horizonte tiene nombre propio: Los Ángeles 2028. El andaluz se quedó a cuatro puestos de clasificarse para París 2024. Quiere intentarlo de nuevo y hacer historia. “Sería el primer español en disputar unos Juegos Paralímpicos en bádminton. Van muy pocos jugadores por categoría, las opciones son mínimas, pero soy subcampeón de Europa y he puesto mi candidatura encima de la mesa. Voy a por ello. Si lo consigo, será un hito y un honor”, añade.
Porque hace diez años, cuando cayó sobre el asfalto, Paco Motero perdió la movilidad de sus piernas. Pero ganó algo que todavía lo empuja hacia adelante, la certeza de que rendirse nunca fue una opción.
