Albert Gelis se sumergió en el silencio de las piscinas hace más de una década. Saturado, frustrado, sin la motivación que lo impulsó en sus mejores años, colgó el bañador en 2012. A sus 43 años, no solo ha vuelto a competir. En Singapur, en el Centro Acuático OCBC, se ha coronado campeón del mundo en los 100 metros espalda S11, la clase para nadadores ciegos.
Lo ha hecho con autoridad, con coraje, con potencia, dejando atrás a sus rivales y estableciendo el récord del mundo en 1:05.14. Casi dos segundos menos que el checo David Kratochvil (plata) y el ucraniano Danylo Chufarov (bronce). En su regreso a la competición internacional, el catalán deja su huella al ganar su primer oro en un Mundial. Ya había ganado la plata con el relevo 4×100 estilos mixto 49 puntos.
Albert nació con retinosis pigmentaria, una enfermedad degenerativa que fue apagando poco a poco la luz de sus ojos. Nadaba desde pequeño, como si el agua fuese un refugio ante la oscuridad. En 2004 debutó en los Juegos Paralímpicos de Atenas, donde consiguió una plata en relevos 4×100 estilos 49 puntos.
Fue el inicio de una carrera en la que logró medallas en Mundiales (Durban 2006, Eindhoven 2010), Europeos (Reikiavik 2009, Berlín 2011) y Juegos Mundiales IBSA. Pero el sabor amargo llegó en Pekín 2008 y Londres 2012, donde rozó el podio paralímpico sin recompensa. Fue entonces cuando decidió dar un paso al costado. Pero la vida, como la natación, siempre ofrece segundas brazadas.
Spain’s Albert Gelis strikes gold! 🥇
He claims his first-ever World Championships title in the men’s 100m backstroke S11 and does it in WORLD RECORD style with 1:05.14! 🇪🇸🔥📺 Watch live: https://t.co/OjEvgQoXx7
📊Schedule and live results: https://t.co/CgGL6JmtCR pic.twitter.com/jDxwVSpKhC— Para Swimming (@Para_swimming) September 26, 2025
Diez años fuera del agua y una chispa
Durante una década, la natación fue solo un recuerdo. Probó suerte con el goalball, con el que llegó a competir en la liga española. Pero en 2022, algo cambió. Se presentó al Campeonato de Cataluña tras años sin entrenar. Sus tiempos eran discretos, pero su técnica intacta. Sintió la chispa. Y volvió.
Poco a poco, recuperó ritmo. Entrenaba una vez a la semana en el Centro de Recursos Educativos de la ONCE en Barcelona. En marzo de 2024, su clasificación visual cambió de S12 a S11 por la pérdida de visión. Con ello, sus opciones crecían. Hizo la mínima para los Juegos Paralímpicos de París. Pero un error burocrático lo dejó fuera: no había competido en un campeonato continental durante el ciclo, requisito indispensable para acudir a los Juegos. Tampoco llegó la invitación que pidió. Se quedó en casa, viendo a sus futuros rivales colgarse las medallas que bien podrían haber sido suyas.
Revancha mundial
El destino aún le debía algo. En Singapur, Albert nadó como en sus mejores años. Como si todos los años de oscuridad hubieran cargado sus brazadas con una fuerza imparable. Se impuso a todos, incluido al ucraniano Mykhailo Serbin, el actual campeón paralímpico y anterior récord del mundo, y conquistó su primer oro.
Ha vuelto para ganar y ya mira hacia adelante. Los Ángeles 2028 se dibujan en su horizonte como una redención completa. Como el desenlace que le robaron en París. De momento, ha tocado la gloria. Y esta vez, con fuerza.
