Minutos después de que Tasy Dmytriv hiciera historia al conquistar su tercer oro mundial consecutivo en los 100 braza SB8, llegaba otra gran noticia para la natación española. En la misma prueba, pero en categoría masculina, Óscar Salguero lograba un emotivo bronce en Singapur. Una medalla forjada en el trabajo, la constancia y en no rendirse.
El catalán, desde la calle seis, salió con fuerza. Su subacuático fue poderoso y al emerger a la superficie ya se encontraba entre los cuatro primeros. Su ritmo era firme, cada brazada transmitía energía contenida durante años. Al llegar al viraje, marchaba cuarto, muy cerca de los rusos Andrei Kalina y Daniil Smirnov -quienes acabarían llevándose el oro y la plata respectivamente- y pisándole los talones al australiano Joshua Willmer.
En los últimos 25 metros se vivió una batalla sin tregua. Salguero estiró su brazo con todo lo que le quedaba y tocó la pared en 1:11.57. Fue tercero, solo cuatro centésimas por delante de Willmer. Cuando se giró para mirar el marcador y vio su nombre en la tercera posición, golpeó el agua varias veces con rabia y emoción: eran años de esfuerzo comprimidos en un instante.
Un podio tras varios años contra el dolor
Hace unos años, apenas podía llevar una vida normal. Una lesión en la cadera lo sumió en el dolor constante, incluso fuera de la piscina. Ni caminar ni estar en reposo aliviaban su sufrimiento. La natación se convirtió en su refugio y su motor.
No abandonó. Seguía entrenando mientras terminaba sus estudios de Medicina. Su recuperación fue una cuestión de fe, de disciplina y de amor profundo por su deporte. A base de trabajo silencioso, rehabilitación y perseverancia, logró regresar a la competición. En los Juegos de París obtuvo un diploma. Hoy, en Singapur, recoge el fruto con un bronce que sabe a oro. Precisamente, hace unos días ganó también un oro con el relevo 4×100 estilos mixto 34 puntos.
