Guiado solo por el sonido de su carabina y por los toques precisos de su mujer y guía, Maite Badiola, Ager Solabarrieta se ha proclamado, una vez más, bicampeón de España de tiro a ciegas con carabina en el campeonato celebrado en Alicante y organizado por la Federación Española de Deportes para Ciegos (FEDC). Un reinado que se extiende ya a diez coronas nacionales y que confirma su dominio.
El tirador de Ondarroa (Vizcaya) llegaba a la cita con una temporada internacional impecable: oro y bronce en el Europeo de Osijek (Croacia), y otro oro y una plata en el Grand Prix de Langelsheim (Alemania). El nivel, por tanto, era alto. Y él no decepcionó.
El tándem que forma con Maite es tan preciso como el mecanismo de la carabina que sostiene. Ella lo coloca frente al blanco, le ajusta el material y, a través de pequeños toques -en el brazo derecho para indicarle la puntuación y en la espalda para marcarle la altura del disparo-, se convierte en sus ojos. Él convierte cada sonido en un vector directo al centro del blanco.
Carabina de aire de pie a diez metros
La primera medalla de oro llegó en la prueba de carabina de aire de pie a diez metros, donde Ager lideró la clasificatoria con 579.2 puntos. La final fue un duelo sin tregua entre los ocho mejores, con un rival que no daba respiro: el malagueño Manuel Encinas, guiado por Encarnación Millán.
Punto a punto, disparo a disparo, la diferencia era mínima. Tanto, que el oro se decidió en el último tiro. Ager encaró ese momento con solo una décima de ventaja. Encinas firmó 221 puntos, pero el ondarrés respondió con 221.9, suficiente para adjudicarse el título. El bronce quedó para la malagueña Sonia Rivero, acompañada por su guía Antonio Arrabal.
En la modalidad de carabina aire tendido a diez metros, Solabarrieta volvió a imponer jerarquía desde el primer momento. En la ronda clasificatoria se despegó del resto con 625.6 puntos, un dominio que revalidó en la final.
Aunque los primeros disparos mostraron mayor igualdad, pronto el vigente bicampeón del mundo tomó la delantera para ya no soltarla. Selló el oro con 245.4 puntos, acompañado en el podio por Ana María Estrada y su guía, Francisco Ortiz (plata), y por Sonia Rivero (bronce).

Mayor nivel cada año
“Cada año el nivel aumenta, viene gente joven apretando y hacen que te pongas las pilas. Las sensaciones fueron muy buenas, vuelvo a revalidar el título en ambas disciplinas y ya cuento con diez campeonatos de España. Los resultados están saliendo; cada vez me siento mejor, más preciso, y la experiencia me ayuda a lidiar con los nervios”, ha reconocido.
Su camino hacia este deporte no fue una línea recta. Ager lo descubrió casi de casualidad en 2004, cuando acudió a la sede de la ONCE en Bilbao para aprender a manejar el ordenador. Un amigo le comentó que iba a pegar unos tiros. Pensó que era una broma, pero decidió acompañarlo. Bastó bajar al sótano para quedar atrapado por el desafío de acertar con los oídos.
Antes de que la vista comenzara a apagarse lentamente por una retinosis pigmentaria -sumada a distrofia macular, fotofobia y cataratas-, su vida deportiva había pasado por el fútbol y el rugby, del que se retiró tras una lesión en la rodilla derecha. Pero ninguno de esos deportes lo llevaría tan lejos como este. Hoy, con perseverancia y técnica, es uno de los mejores tiradores ciegos del mundo.
Las carabinas que utilizan las personas ciegas están equipadas con una mira especial que capta la luz y la traduce en sonido. Cuanto más agudo es, más centrado está el blanco. El resto lo ponen el pulso y la calma. Y en esos territorios, Ager Solabarrieta reina con autoridad.
