Acabó tan saturado y desmotivado que puso fin a su carrera tras ocho años en la élite de la natación paralímpica. Albert Gelis colgó el bañador sin pensar en regresar. Pero diez años después, algo volvió a encenderse. Sus marcas, aún vivas bajo el polvo del tiempo, le susurraban que podía hacer algo grande. Y él decidió escucharlas.
El catalán resurgió de sus cenizas como un ave Fénix para regresar a la piscina, empujado también por la pérdida progresiva de visión que le producía la retinosis pigmentaria y que le abría las puertas de la categoría S11 (ciegos totales). Con ella llegaban nuevas oportunidades, también la posibilidad de soñar.
En 2025, en Singapur, conquistó el oro mundial en 100 espalda con récord del mundo. Pero antes de tocar la gloria tuvo que sortear obstáculos, desmanes y un varapalo que aún escuece: quedarse sin ir a los Juegos Paralímpicos de París 2024 por un error burocrático que le arrebató una opción ganada dentro del agua.

Los primeros pasos en la natación
Nacido en Sant Joan les Fonts (Girona), la natación llegó a su vida a los cinco años, siguiendo a sus hermanos mayores. Convive desde su nacimiento con la retinosis pigmentaria, enfermedad hereditaria y degenerativa que fue apagando la luz de sus ojos. “No tengo agudeza, solo veo luces y sombras, pero no distingo formas”, cuenta.
Sus primeras brazadas fueron en el C.P. Santjoanenc. A los 15 años pasó al Club Natació Olot y en 2003 descubrió la natación adaptada gracias a Jaume Marcé. No sabía que existían competiciones para personas con discapacidad. Marcé, sorprendido por sus tiempos, lo invitó a un Campeonato de España. Su nivel quedó claro. Poco después sufrió una perforación de la membrana timpánica y estuvo un año sin poder mojarse el oído.
Regresó, logró la mínima para los Juegos de Atenas 2004 y debutó a lo grande: plata en el 4×100 estilos 49 puntos junto a Enrique Floriano, Israel Oliver y Daniel Llambrich. “No conocía a casi nadie de la selección. Era un novato. Estar en aquella piscina en la que, un mes antes, Michael Phelps había ganado ocho medallas… era inverosímil. Todo fue muy emotivo, especialmente al subir al podio”, recuerda.
En los años siguientes sumó metales: dos bronces en el Mundial de Durban 2006, una plata en Eindhoven 2010, tres bronces europeos entre 2009 y 2011, y seis medallas en los Juegos Mundiales IBSA de Sao Paulo 2010. Compitió en Pekín 2008 (cuatro diplomas) y Londres 2012, donde fue sexto en 100 espalda. Allí terminó su etapa en la alta competición.
“Me quedaba a las puertas de las medallas en los Juegos y eso me frustró. La natación es un deporte poco agradecido: entrenas cinco horas al día y te lo juegas todo en un minuto. Quise pasar a otra etapa”, dice. Asumió la gestión del bar de la piscina de su pueblo hasta 2021, cuando su visión empeoró: “Los clientes venían a pedir un café y luego no veía dónde se habían sentado. Me impidió continuar”. Probó el ciclismo en tándem y retomó el goalball, con el que llegó a jugar en Primera División con el equipo de Cataluña.

Un regreso casi accidental
Justo antes de la pandemia quiso probar de nuevo la natación, sin pretensiones. Llevaba una década sin nadar y se presentó al Campeonato de Cataluña. “Hice unos resultados patéticos, pero técnicamente estaba bien y me picó el gusanillo. Quería volver. Me dolían todos los músculos; aún me pongo hielo cada día en los hombros”, comenta riendo.
Durante 2022 y 2023 entrenaba hora y media durante un día a la semana. Aún así, sabía que, si conseguía la reclasificación a categoría S11, podía lograr la mínima para París. La confirmación llegó. Y Albert no dudó. Entró bajo la tutela de Rubén Reguart en el CN Barcelona, siguiendo un plan progresivo.
“De dos días de entreno pasamos a cinco. Tenía que currármelo. Las marcas que me pedían no eran imposibles; sabía que lo iba a conseguir. Fue muy duro volver, sobre todo a la rutina. Me sentía como Rocky Balboa al regresar al ring. Algunos decían que estaba loco, que me iban a reventar”, cuenta entre risas. Y empezó a romper barreras: récords de España en 50, 100 y 200 espalda, y la ansiada mínima paralímpica.

El golpe más duro
Pero un olvido lo cambió todo. No fue preinscrito al Europeo de Madeira, requisito indispensable para ir a los Juegos. Sin haber competido en un continental durante el ciclo, París quedaba vetado. “No se leyeron la normativa y el trabajo que hice no sirvió de nada. Lucharon por una invitación y se consiguió, pero era para una chica y se la dieron a Berta García. Me derrumbó. Ellos no hicieron bien su labor. En junio de 2024, tras nadar el Campeonato de España, lloré. Me quedaba sin Juegos”, relata.
Abandonó los entrenamientos y desconectó por completo. Ni siquiera vio los Juegos de París por televisión. En su prueba, los 100 espalda, con sus tiempos, habría estado en el podio. “Me dio rabia. Nadie del Comité Paralímpico Español ni de la Federación de Deportes para Ciegos me pidió perdón. Ni un ‘lo siento’. No tenía opciones de recibir una beca ni acceder al servicio médico del Plan Adop. Todo me lo pagaba yo”, lamenta.

El renacer definitivo
Pero Gelis tiene escamas de superviviente. Se levantó de nuevo, agarrado a la piscina. Entrenó para el Mundial de Singapur 2025. Sabía lo que podía hacer. Y el destino le debía algo. En Asia, primero se colgó la plata en el relevo 4×100 estilos mixto 49 puntos. Y luego llegó su gran prueba: 100 espalda S11. En la cámara de llamadas sintió nervios, pero no por él, sino por su gente, por los que le habían arropado en ese proceso. Salió decidido. Venció a todos sus rivales, incluido el ucraniano Mykhailo Serbin, campeón paralímpico, y paró el crono en 1:05.14. Récord del mundo.
“Tras ganar, ahora sí todos los que me dieron la espalda me felicitaban. Antes no se acordaban de mí. Los deportistas somos números para los que dirigen el deporte paralímpico, pero ellos no serían nada sin nosotros. Y hay quienes miran el DNI y si ven que somos viejos, creen que no servimos para ganar. Ahora entro en el Plan Adop, recibiré mi beca… pero no cobraré hasta febrero. A ver qué harían ellos sin cobrar seis meses”, lamenta.
Albert ha vuelto para quedarse. “Entreno por salud y porque me van a pagar, ya que me lo he ganado en la piscina. Seguiré compitiendo hasta que me echen del podio y mi cuerpo aguante”, asegura. En su horizonte se dibuja un destino: los Juegos Paralímpicos de Los Ángeles 2028. El lugar de la redención completa. “Iré a por el oro, lo tengo claro”, sentencia.
