En las cumbres blancas la silueta de Audrey Pascual avanza como una flecha sobre la nieve. Sentada en su monoesquí, la madrileña desciende a gran velocidad con una determinación que desafía la lógica y la inercia. No hay titubeo en su trazo, no hay dudas en su mirada. Es la gran referencia del esquí alpino paralímpico español y llega a los Juegos de Invierno de Milán-Cortina 2026 con el cartel de favorita colgado del casco.
La cita en Los Dolomitas es un reto más en una vida marcada por la superación. Audrey nació hace 21 años con agenesia bilateral de tibias: sus piernas no tenían rodillas, tibias ni tobillos. Su madre, Laura, recibió la noticia en el mismo paritorio; ninguna prueba previa había detectado la malformación. Fue un golpe duro para la familia, pero las lamentaciones duraron poco. Decidieron que aquella niña crecería sin barreras ni límites.
Pasó por numerosas intervenciones quirúrgicas para corregir la posición de los pies -los tenía orientados hacia arriba- y alinearlos con la idea de colocarle prótesis. En casa, la creatividad suplía cualquier obstáculo: llenaban la bañera de agua y juguetes para animarla a ponerse de pie. Agarrada al borde, dio sus primeros pasos con apenas año y medio.
“Sabía que era diferente. Veía a los niños correr y yo no podía; llevaba prótesis e iba más lento, necesitaba una mano para subir o bajar escalones. Pero nunca lo vi como algo malo. Siempre trataba de hacer lo mismo que los demás, pero de otra manera”, explica.

La velocidad, en su ADN
No hubo sobreprotección, no hubo alas recortadas. “Mis padres siempre me han impulsado a hacer lo que me motivaba. Me dejaban probar y nunca se negaban por el hecho de no tener piernas”, recalca. Ese entorno forjó el carácter que hoy la sostiene cuando el cronómetro aprieta y la pendiente se empina.
La velocidad estaba escrita en su ADN. Con cuatro años, los Reyes Magos le trajeron un patinete y ella se lanzaba, sentada, cuesta abajo junto a su casa. En la bicicleta, pedía a su padre que fuera más rápido. “Ellos lo pasaron mal, seguro, porque había riesgo de caídas, pero no me decían que no”, recuerda entre risas.
Probó natación, hípica y handbike, pero el flechazo definitivo fue con el esquí alpino, deporte que practicaban sus primas. A través de la Fundación También llegó a la estación de La Pinilla (Segovia) con 11 años. No fue amor a primera vista. “Quería ir sola, pero los monitores me llevaban, me protegían en exceso y no me sentía cómoda”, rememora. Magnetizada por la nieve, regresó. Y un día la dejaron descender sin ayuda. Ahí fue libre.
Su progresión fue vertiginosa. Con 12 años ya era campeona de España de slalom. A su alrededor empezaban a ver a una joya por pulir, pero ella solo quería esquiar. En 2019, en su estreno internacional en un Open Nacional de Francia en Méribel, conquistó el bronce. “Ahí me di cuenta de que, con trabajo y perfeccionando la técnica, podía llegar lejos”, dice.

Crecimiento en Sierra Nevada
Con entrenamientos en Sierra Nevada, bajo la tutela de Jaime Hernández, comenzó su crecimiento deportivo. Llegaron los podios en Copa de Europa, aunque el sueño paralímpico se le escapó cuando se quedó fuera de los Juegos de Invierno de Pekín 2022. “Era una niña. Me faltaba mucho a nivel técnico y mentalmente no estaba preparada, pero me dolió bastante no ir. Sé que no iba a hacer grandes resultados, pero sí podía haberme defendido bien. Me merecía estar allí”, lamenta.
Desde entonces, solo hubo una fecha en su horizonte: Milán-Cortina 2026. Se multiplicaron las horas de entrenamiento, los viajes, las sesiones interminables puliendo detalles para arañar décimas al crono. El salto de calidad fue tangible. En 2023 debutó en Copa del Mundo en Veysonnaz (Suiza) con un oro y dos platas. Ese mismo año sumó una plata mundialista en Espot (Lérida) y probó el circuito de Cortina con nuevas medallas.
Instalada en la categoría LW12-2 -reservada a esquiadoras que compiten sentadas en monoesquí-, ya nadie la ha bajado del podio con facilidad. Acumula más de 40 medallas en Copa del Mundo. Solo esta temporada ha firmado 17, diez de ellas de oro. Un aluvión que ha devuelto al esquí alpino paralímpico español al primer plano internacional tras la retirada de la legendaria pareja formada por Jon Santacana y su guía Miguel Galindo.
El curso ha sido histórico: Globo de Cristal en descenso, gigante, supergigante y combinada. Y, sobre todo, una barrera mental rota. Por primera vez ha superado en varias carreras a la alemana Ana-Lenna Forster, dominadora del circuito en los últimos años. “Por mi nivel sabía que podía ganarle, pero me faltaba un punto de confianza. Ahora ella sabe que tiene que esforzarse más para ganarme”, afirma.
Si hay una disciplina que simboliza su metamorfosis es el descenso, la prueba reina de la velocidad. Pistas largas, pendientes pronunciadas, riesgo máximo. Nunca había competido en esta modalidad y este año fue la mejor del circuito con cuatro oros. “La primera vez tuve miedo. Le dije a mi entrenador que no quería correr. Ahora es una de mis disciplinas favoritas, me siento muy a gusto”, asegura.

Aspira a las medallas en los Juegos
A sus 21 años competirá en sus primeros Juegos Paralímpicos de Invierno -del 6 al 15 de marzo- y lo hará, además, como abanderada española en la ceremonia inaugural, tercera mujer tras Úrsula Pueyo (Vancouver 2010) y Astrid Fina (Pyeongchang 2018). “Me hace una ilusión tremenda. Estoy muy contenta y feliz”, dice la estudiante de Comunicación Audiovisual en la Universidad de Granada.
No le intimidan los focos ni el peso de las expectativas. Es la baza española para subir al podio. Se siente con confianza y con opciones en las cinco disciplinas: descenso, gigante, combinada, supergigante y slalom. “Que todo el mundo me cuelgue la medalla antes de ganarla añade presión, pero me lo tomo con calma. En los Juegos no voy a hacer nada distinto, solo esquiar”, afirma con naturalidad.
Un metal en Milán-Cortina tendría un significado histórico, ya que sería la cuarta española con medalla en unos Juegos Paralímpicos de Invierno tras Susana Herrera (oro y plata en Innsbruck 1988), Magda Amo (bronce en Albertville 1992, cuatro oros en Nagano 1998 y plata en Lillehammer 1994) e Izaskun Manuel (plata y bronce en Lillehammer 1994), todas con discapacidad visual. Audrey sería la primera en categoría sentada.
En su sonrisa hay algo más que ambición. Hay la certeza de quien ya ha vencido obstáculos mucho más empinados que cualquier pista. Cuando se lance desde lo alto en Los Dolomitas, no competirá solo contra el crono ni contra sus rivales. Competirá, como siempre, contra los límites. Y eso nunca le asustó. Al contrario, es ahí donde se siente en casa.
Calendario de pruebas de Audrey
Sábado 7 de marzo: Descenso
Lunes 9 de marzo: Supergigante
Martes 10 de marzo: Combinada
Jueves 12 de marzo: Gigante
Sábado 14: Slalom
