Imagina 2.000 roedores muertos, cada uno con una pequeña tableta de paracetamol, cayendo en lo alto de los árboles tropicales con diminutos paracaídas de papel. Esta imagen surrealista corresponde a una operación real en Guam, donde agencias de Estados Unidos utilizan un analgésico común como un veneno altamente selectivo contra la invasiva serpiente marrón arbórea, que ha devastado la fauna local e incluso ha provocado cortes de energía en toda la isla.
La amenaza de la serpiente marrón arbórea en Guam
Las serpientes marrones arbóreas probablemente llegaron a Guam tras la Segunda Guerra Mundial ocultas en cargamentos, extendiéndose por casi todos los bosques de la isla en pocas décadas. Sin depredadores naturales y con abundante alimento, su población creció hasta alcanzar entre 50 y 100 serpientes por hectárea en algunas zonas, lo que llevó a que la mayoría de las aves forestales nativas se acercaran a la extinción local. Se estima que actualmente Guam alberga cerca de dos millones de estas serpientes, una cifra alarmante considerando que la isla tiene un tamaño similar al de un pequeño condado en Estados Unidos.
El investigador en fauna Shane R. Siers y colegas han demostrado que métodos tradicionales como trampas, barreras y captura manual no son suficientes para controlar esta plaga en todo el territorio. Por ello, la agencia USDA Wildlife Services ha desarrollado una técnica innovadora basada en cebos aéreos con paracetamol para controlar su población.
Técnica de control con paracetamol y sistema de distribución aérea
Desde hace años, científicos del Departamento de Agricultura de EE.UU. han probado cebos impregnados con 80 miligramos de paracetamol (o acetaminofén) que resultan letales para las serpientes marrones pero afectan mínimamente a otras especies. Esta dosis es comparable a una dosis infantil en humanos, pero para estas serpientes es fatal debido a su capacidad limitada para metabolizar el fármaco, lo que provoca daños rápidos en sus glóbulos rojos y hígado, tal como explicó el toxicólogo ambiental Peter van den Hurk de la Universidad de Clemson y su equipo.
Para distribuir el veneno, cada cadáver infectado se fija en un dispositivo de cartón con una cola de papel que actúa como un pequeño paracaídas, asegurando que caiga en las ramas altas y no alcance el suelo, evitando así que otros animales puedan acceder al cebo. Además, algunos cebos incorporan diminutos transmisores de radio para rastrear qué serpientes los consumen y su desplazamiento posterior antes de morir, lo que confirma la efectividad del método.
Este sistema aéreo automatizado fue desarrollado por ingenieros y biólogos del USDA junto con diseñadores privados, y cuenta con un dispensador montado en helicópteros capaz de liberar cebos a un ritmo de varios por segundo. Un estudio publicado en 2019 por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza reportó que aproximadamente dos tercios de los cebos caían correctamente en el dosel arbóreo, un paso fundamental para la transición de pruebas experimentales a operaciones regulares.
Impacto ecológico y humano de la invasión de serpientes
La presencia masiva de estas serpientes ha transformado los ecosistemas de Guam de manera audible: selvas antes ruidosas se han vuelto inquietantemente silenciosas debido a la desaparición de la mayoría de las aves nativas y varias especies de lagartos. Además, el daño no se limita a la fauna. El herpetólogo Thomas Fritts, trabajando para el Servicio Geológico de EE.UU., documentó más de 1.600 cortes de energía entre finales de los años 70 y 90 atribuibles a serpientes que dañaron equipos eléctricos.
Actualmente, las averías eléctricas provocan pérdidas económicas de al menos 4,5 millones de dólares al año y afectan la vida cotidiana de los aproximadamente 150.000 residentes de Guam con interrupciones en refrigeradores, negocios y sistemas de aire acondicionado. Aunque las autoridades locales y federales han reforzado partes críticas de la red eléctrica, las serpientes continúan causando estragos al trepar postes y cables.
La combinación de la técnica de cebos aéreos con trampas, perros detectores de serpientes y barreras físicas, especialmente en áreas protegidas como la Base Aérea Andersen dentro de la Joint Region Marianas, representa un esfuerzo conjunto para conservar habitats y posibilitar la futura reintroducción de aves raras.
Este tipo de tecnología selectiva y controlada recuerda también los recientes avances en el campo bélico tecnológico, como el desarrollo de potentes armas de microondas para interferir satélites Starlink, demostrando cómo herramientas innovadoras están transformando diferentes ámbitos por igual.
Mientras que el programa de paracetamol reduce significativamente la actividad de las serpientes —cerca del 80% en zonas tratadas— los especialistas advierten que no erradica la invasión por completo, por lo que su uso debe combinarse con otras estrategias y aplicarse de forma periódica. Otras islas que enfrentan amenazas similares, desde Hawai hasta las Galápagos, observan el caso de Guam como referencia para implementar soluciones adaptadas a sus propios ecosistemas.








