No pudo ser. El retorno de la selección española femenina de goalball a la élite continental se saldó con cinco derrotas en cinco encuentros y una décima posición que sabe a poco, aunque deja una lectura constructiva para el futuro.
Tras una década de ausencia en un Campeonato de Europa A, España llegaba al torneo con ilusión, con ganas, con una plantilla en crecimiento y con el aval del bronce logrado el año pasado en el Europeo B celebrado en Italia. Sin embargo, el salto de nivel ha sido notable y ha expuesto la brecha existente entre las selecciones más potentes y un combinado nacional que aún se construye desde el compromiso y la juventud.
El estreno ante Ucrania fue el más ajustado y el que más cerca estuvo de dejar un punto en el casillero español. Un solitario gol en contra (0-1) dejó una sensación de oportunidad perdida, pero también de que competir era posible. El resto del campeonato se tornó cuesta arriba.
España cayó en el segundo encuentro frente a Grecia por 2-5, en un partido en el que mostró momentos de buen juego, pero acabó cediendo ante la solidez helena. Frente a Francia, un rival teóricamente del mismo nivel, tampoco llegó la reacción y el marcador volvió a ser adverso (3-6), sentenciando la eliminación antes de la última jornada de la fase de grupos.

Sin presión, pero con coraje
Ya sin opciones de acceder a los cuartos de final, el combinado dirigido por Paco Monreal, formado por Belén Martel, Sara Álvarez, Sonia López, Raquel Rico y las debutantes Sandra Egido y Celia Gómez, plantó cara a una potente selección de Israel, que acabaría siendo subcampeona del torneo. España dio la cara, compitió, pero cedió por 4-9.
En el último partido, con todo decidido, el resultado fue contundente: derrota por 0-8 frente a Alemania y cierre amargo a un campeonato que deja más lecciones que alegrías. “A nivel de sensaciones y juego estamos contentos porque las jugadoras, a pesar de ser debutantes y de su juventud, han dado la cara. Aunque no hemos estado acertadas de cara a portería, a las rivales les ha costado, hemos sido un equipo correoso y en algunos momentos les hemos jugado de tú a tú”, ha comentado el seleccionador.
España finaliza penúltima, en la décima posición de un torneo con once selecciones, aunque todo apunta a que no descenderá de categoría. La IBSA (Federación Internacional de Deportes para Ciegos) valora mantener una única división ante la escasa participación en el Europeo B. Si no surgen tres o cuatro nuevos equipos, la permanencia estaría asegurada.
Un futuro en construcción
Más allá de los resultados, el grupo ha demostrado compromiso y esfuerzo. Se trata de un equipo todavía joven, con escasa experiencia internacional y sin la posibilidad de entrenar o competir como las selecciones profesionales de otros países. La mayoría de las jugadoras compaginan sus trabajos con la práctica de este deporte.
La brecha de nivel es evidente con los grandes del continente. Pero el equipo tiene margen de mejora. Necesita tiempo, partidos, y sobre todo apoyo para poder consolidar un proyecto a largo plazo. Lo vivido en Finlandia es un punto de partida. La selección ha vuelto a la élite, ha competido con dignidad y sabe ahora con certeza cuál es el camino que debe recorrer para crecer.
