La primera vez que Emilio Redondo se subió a una tabla de snowboard sintió algo parecido a un reconocimiento. Como si la montaña, en lugar de desafiarlo, lo aceptara. Fue en Sierra Nevada, en un viaje con amigos poco antes de que la pandemia clausurara estaciones y fronteras. Tenía esa mezcla de respeto y entusiasmo del principiante, convencido de que pasaría más tiempo sentado sobre la nieve que deslizándose sobre ella.
Pero ocurrió lo contrario. Bajó con fluidez, giró con valentía, se lanzó con una determinación casi imprudente. Regresó a casa con la sensación íntima de haber descubierto un lenguaje nuevo. La segunda vez que hizo snowboard, diez meses después, llevaba una prótesis en la pierna izquierda.
Entre una experiencia y otra se interpuso una fecha que no olvidará: 20 de julio de 2020. Tenía 20 años. Coincidencias de la numerología o simple ironía del calendario. Salía de trabajar en los terrenos agrícolas de su familia, dedicados al cultivo de pistachos, almendros y olivos en Villacañas (Toledo), una localidad donde el verano cae con fuerza seca y la nieve es una postal ajena.

Un accidente de tráfico
Desde pequeño, Emilio apenas paraba en casa. Se movía en bicicleta, en patín, en moto. La calle era su territorio. Cuando no estudiaba -se graduó el año pasado en Ingeniería Agrónoma- ayudaba a su padre en el campo. La vida estaba trazada con líneas sencillas y previsibles: trabajo, familia, amigos, proyectos. Aquella mañana de julio conducía su moto hacia el pueblo. Iba a unos 50 kilómetros por hora cuando un coche intentó girar sin advertir su presencia e invadió su carril. No hubo margen. El impacto fue seco.
“Los motores de ambos vehículos aplastaron mi pie izquierdo. En ese momento no me dolía por la adrenalina; incluso quise levantarme. El año anterior me había roto el cúbito y el radio y, mientras me llevaban al hospital, pensé que el verano se me había fastidiado porque estaría con escayola”, narra.
La dimensión real de lo ocurrido tardó en llegar. Lo operaron de tibia y peroné. El pie estaba destrozado, reducido a fragmentos, sin riego sanguíneo. Fue trasladado al hospital de Toledo, donde intentaron salvar la extremidad en dos intervenciones más. No fue posible. “Cuando el doctor me dijo: ‘Hay que amputar’, no me lo tomé mal. Le respondí: ‘Adelante, si no queda otra’. Después ya empezaría una nueva vida”, dice sin dramatismo, como quien acepta una bifurcación inevitable.
Una semana después regresó a Villacañas. Aturdido aún por la medicación, bajó del coche y se encontró con pancartas, bengalas y abrazos. Amigos y vecinos lo esperaban. Aquel recibimiento, más que una celebración, fue una declaración colectiva: no estaba solo.

Una rehabilitación constante
No hubo tiempo para recrearse en la pérdida. Desde el primer día se entregó a la rehabilitación con disciplina casi obstinada. Aprender a caminar de nuevo era un desafío físico, pero también mental. En una visita al ortopeda dejó caer una idea que a otros habría parecido improbable. Quería volver a hacer snowboard.
A través de ese deseo entró en contacto con Jaime Hernández, entrenador de la esquiadora Audrey Pascual, y con la Fundación También. Tres meses después del accidente, Emilio regresaba a una tabla en la pista indoor de Xanadú, en Madrid. La escena era distinta a la de Sierra Nevada: ahora había una prótesis, ajustes técnicos, caídas medidas, equilibrio reaprendido. Pero también estaba la misma sensación de deslizarse.
Canalizó la energía y transformó la adversidad en una oportunidad. En la categoría SB-LL2 -para deportistas con amputación tibial- comenzó a progresar con rapidez. Su evolución llamó la atención y fue reclutado por el Equipo Allianz de Promesas Paralímpicas de Deportes de Invierno. En 2022 debutó internacionalmente en la Copa de Europa de Landgraaf, en Países Bajos. Firmó dos séptimos puestos. No eran medallas, pero sí la confirmación de que podía competir.

Primeros logros en la nieve
Un año después disputó el Mundial de La Molina. Y llegó su primera alegría grande, un bronce en Copa de Europa, en Landgraaf, en la modalidad de banked slalom. Un descenso técnico plagado de peraltes, montículos y puertas, donde cada giro exige precisión y lectura del terreno. Allí entendió que estaba creciendo como deportista.
En 2025 ganó la general de la Copa de Europa. Y este año dio el salto a la Copa del Mundo y logró un Top 8 ante rivales con más experiencia y estructuras más sólidas. Porque el talento, a veces, compensa la escasez. Emilio no entrena en un valle alpino ni tiene nieve a la puerta de casa. En Villacañas el paisaje es otro. Su pretemporada transcurre en un pumptrack, un circuito continuo de ondulaciones donde trabaja impulsos y estabilidad sobre el skate. Es su manera de simular sensaciones antes de volver al blanco real cuando el presupuesto lo permite.
El snowboard es un deporte caro. Competir y entrenar en Europa implica viajes constantes. Y el equipamiento especializado multiplica los gastos: “En España no tenemos circuitos específicos; hay que ir por Europa y los viajes son costosos. Eso me penaliza respecto a deportistas de otros países. Y también una prótesis me cuesta 6.000 euros, más 5.000 del encaje”.

Clasificación para Milán-Cortina 2026
Aun así, ha conseguido una plaza para los Juegos Paralímpicos de Invierno Milán-Cortina 2026. Un destino que hace apenas cinco años parecía ciencia ficción. “Es la recompensa a estos años desde que me amputaron y decidí dedicarme al snowboard. Dejé atrás muchas cosas: mi casa, mi gente. Renuncié a buscar trabajo como ingeniero para crecer como deportista e ir a unos Juegos. Ahora quiero aprovechar la oportunidad y aprender”, recalca.
En Los Dolomitas competirá en banked slalom y snowboard cross. Dos disciplinas exigentes, rápidas, sin margen para la duda. Llega con ilusión y con prudencia: el hombro derecho, operado el año pasado y resentido en diciembre tras una luxación, requiere cuidados constantes. “Hay un nivel demasiado alto en mi categoría, pero puedo hacer un buen papel. Voy con la máxima ilusión y sin presión. Quiero sentirme satisfecho con cada bajada y darlo todo en cada momento”, finaliza.
Cuando se coloque en la salida no estará solo frente al cronómetro o los mejores del mundo. También estará frente al recuerdo del asfalto, al sonido del impacto, a aquella tarde de julio que cambió su vida. Pero habrá algo más fuerte que ese recuerdo, la certeza de que cuando la tabla empieza a deslizarse, el pasado queda atrás, reducido a una estela que se pierde sobre la nieve.
Calendario de pruebas de Emilio
Sábado 7 de marzo: Snowboard Cross (clasificatoria)
Domingo 8 de marzo: Snowboard Cross (finales)
Sábado 14 de marzo: Banked Slalom
