En el silencio denso de la sala, cuando el murmullo se apaga y sólo queda el leve crujido del arco al tensarse, todo se reduce a una línea invisible entre el pulso y el centro de la diana. Allí, en ese territorio donde habita la precisión, volvió a instalarse Isabel Fernández para escribir otra página en su ascenso imparable.
La arquera toledana, vigente subcampeona mundial en categoría W1 para deportistas en silla de ruedas, ha comenzado la temporada de forma brillante. En el Campeonato de España en sala disputado en el Polideportivo Municipal Carlos Martínez Esteban, en Jaén, firmó 567 puntos -23 dieces- tras 60 flechas y superó el récord del mundo.
Flecha tras flecha, Isabel sostuvo la tensión con una serenidad casi obstinada, como si cada disparo fuera una conversación íntima con la diana festoneada. El resultado no sólo le dio el récord, confirmó que su crecimiento no entiende de pausas.
La confirmación de la marca mundial fue una sorpresa: «Cuando me lo dijeron, al principio costó creerlo. Es increíble, especialmente para el poco tiempo que llevo entrenando. Pero me ha motivado a seguir entrenando. Tengo muchas ganas de continuar, de mejorar y de seguir intentando batir récords.
En la misma categoría, Rebeca León se llevó la plata con 502 puntos. En Recurvo, el triunfo fue para Manuel Candela; en Compuesto masculino ganó Raúl Herrera y en Compuesto femenino volvió a imponerse la navarra Carmen Rubio. Pero el foco, inevitablemente, regresó a la silla desde la que Isabel gobierna cada disparo.
“Las sensaciones en este inicio de temporada están siendo buenas. Ha sido bastante gratificante este campeonato, cuyo objetivo era batir el récord de España”, ha explicado la arquera. Porque si algo define su trayectoria es la velocidad con la que ha aprendido a convivir con la élite. Apenas lleva poco más de un año empuñando un arco. Sin embargo, su 2025 fue un vendaval: oro y plata en la Copa de Europa y una plata mundialista en Gwangju (Corea del Sur).
Del kárate al tiro con arco
Antes hubo tatamis y kimonos: tres títulos mundiales y cuatro europeos en kárate en silla de ruedas. Hubo también medallas nacionales en piragüismo y una continental en halterofilia. La alta competición siempre fue su idioma. Hasta que las lesiones y el avance de una enfermedad degenerativa que afecta a la musculatura de sus miembros superiores le hicieron pensar que el silencio sería definitivo.
El punto de inflexión llegó en el Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo. Allí le propusieron probar con el arco. Y lo que empezó como una sugerencia terminó siendo una revelación. Hace unos días, además, rompió otra barrera simbólica al disputar en Valladolid el Nacional Absoluto en sala frente a deportistas sin discapacidad. Una experiencia que amplía horizontes y endurece el carácter competitivo.
“Después de un año sobresaliente, noto más presión a nivel psicológico por la autoexigencia. Estoy trabajando en ello para ajustar las expectativas y centrarme en el trabajo”, ha confesado.
El calendario no concede tregua. Este año afrontará el Europeo en Roma y la Copa de Europa en Nove Mesto (República Checa). “Quiero repetir los resultados de la temporada pasada, estar arriba en el ranking y sacar medallas. Aunque el objetivo más importante es ganar confianza y experiencia, seguir mejorando y aprendiendo”, ha recalcado.
