José Antonio Marí, la persistencia de un currante de la natación

El valenciano, que atesora un gran palmarés con medallas en europeos y en mundiales, afronta con ambición sus cuartos Juegos Paralímpicos. En Londres 2012 logró un bronce y en Tokio apunta al podio.

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El valenciano José Antonio Marí durante una competición. Fuente: CPE

Forjado a base de brazadas de rigor, disciplina, sacrificio, constancia y trabajo, José Antonio Marí ha esculpido un currículum admirable en la natación, ese deporte que le ha reportado muchos éxitos y, en ocasiones, también le ha dejado alguna frustración. Asiduo a podios europeos y mundiales desde hace más de una década, a sus 32 años afronta con ilusión y motivación sus cuartos Juegos Paralímpicos. El valenciano, un currante de la piscina, siempre ha mostrado firmeza, convicción y resiliencia para derribar obstáculos y rebelarse ante cualquier adversidad.

Es algo que lleva haciendo desde recién nacido, cuando tuvo que lidiar con un cáncer en el sistema nervioso, “uno de los más complicados y con pocas probabilidades de sobrevivir”, dice. Aquello le afectó a la médula, donde sufrió un neuroblastoma y la peor parte de las secuelas se las llevó su pierna izquierda, en la que tiene una limitación funcional, aunque también tiene afectada la derecha y la zona lumbar. “Aprendí a vivir con ello, me manejo bien, tengo dificultades para desplazarme o estar de pie, ya que apoyo la mayor parte del peso en una sola pierna, pero estoy acostumbrado”, explica.

Con cuatro años acudía a cursillos de natación por recomendación médica y con el paso de los años se lo tomó más en serio e iba a la piscina de Riba-Roja del Turia cinco días a la semana. “Prefería jugar al fútbol, pero debido a mi discapacidad, tarde o temprano tenía que quitarme esa idea de la cabeza. Al encontrarme en otro medio como es el agua, no tengo los problemas de desplazamiento que puedo tener al caminar, por lo que me gustaba mucho”, cuenta. Su entrega, arrojo y persistencia empezaron a verse recompensados con medallas en europeos y en mundiales, también con su debut en unos Juegos Paralímpicos, en Pekín 2008.

“Los recuerdo con mucha alegría, fue una gran ilusión poder competir allí. Hasta el momento, para mí han sido los mejores con diferencia”, asevera. En los Juegos de Londres 2012 saboreó la presea más dulce de su trayectoria, un bronce en 50 metros libre S9. “Hay varias importantes, como los dos oros europeos en Berlín 2011 o las dos platas mundiales en Canadá 2013, pero la de Londres fue especial. Lo viví con mucha intensidad, participé en otras tres pruebas y quedé en cuarta posición. Merecí más”, apunta.

Cuatro años después, en Río de Janeiro 2016 volvió a rozar en dos ocasiones los metales. “Nunca he tenido la suerte de ser el que gane las medallas por pocas centésimas de segundo, siempre me ha tocado la parte amarga del cuarto puesto y encima acariciándolas, pero el deporte es lo que tiene, todos queremos lo mismo y sólo hay sitio en lo más alto para tres”, subraya. Aunque su peor momento como nadador lo vivió en 2015 tras perderse el Mundial de Glasgow por un accidente doméstico con un cuchillo a falta de tres días para viajar.

“Ese año había nadado rápido e iba primero en el ranking. Fue bastante duro cuando desde la grada vi que en mi prueba el oro se había ganado con más tiempo del que yo había conseguido hacer durante mitad de la temporada. Pude ser campeón del mundo y no lo logré. A veces hay oportunidades que sólo pasan una vez y esa fue una de ellas”, lamenta. Pero si por algo se caracteriza el valenciano es porque nunca se da por vencido y por la tremenda intensidad con la que se entrena para continuar en la élite después de tantos años.

“Me encanta lo que hago, la natación es mi pasión, llevo más de media vida en la piscina y no se me ocurre otra manera de vivir. Lo fácil es llegar, lo complicado es mantenerse. Lo que me motiva es ver que sigo ahí con el paso de los años”, comenta. Otro de sus principales acicates es tener a su lado a Sarai Gascón, una de las mejores nadadoras del mundo con la que comparte entrenamientos y proyecto de vida. “Admiro su competitividad, una vez que se tira al agua se transforma y siempre da su mejor versión, da igual como esté o cómo haya llegado”, añade este futuro psicólogo, cuyos estudios le han ayudado a no obsesionarse ni a ponerse el listón tan alto en los campeonatos.

En unos días disputará en Tokio sus cuartos Juegos Paralímpicos y las sensaciones son buenas tras sacar todo el jugo a los entrenamientos con el grupo de Jaume Marcé: “Estoy nadando más rápido que en otras temporadas y los afronto con muchas ganas e ilusión”. Su prueba fuerte es el 100 mariposa, en la que fue quinto en el Europeo de Funchal, pero también estará en el 50 libre y en el relevo 4×100 estilos, prueba en la que ganó el bronce continental en mayo. “El nivel ha aumentado y las cosas cada vez están más complicadas, pero iré a por todas, las medallas ya estuvieron muy caras en el pasado Mundial y en los Juegos no van a ser menos. Lo más importante es hacer mejor marca personal y con eso, las opciones serán mayores”, concluye.

TEST TOKIO 2020. Conociendo a José Antonio Marí

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