La natación paralímpica española vive instalada en una paradoja difícil de explicar fuera del alto rendimiento. Después de un gran 2025 con un botín de 24 medallas en el Mundial de Singapur, el presente de los nadadores está marcado por una incertidumbre difícil de justificar: hoy no saben ni cuándo ni dónde se disputará el Campeonato de Europa, el mayor aliciente de este año.
A estas alturas de la temporada, el Europeo sigue sin sede oficial y sin fechas confirmadas. Una situación anómala en cualquier disciplina de alto nivel, pero especialmente delicada en un deporte donde la planificación es milimétrica. El calendario internacional no es un simple encaje de competiciones, es la columna vertebral sobre la que se construyen los ciclos de entrenamiento, los picos de forma y la preparación a largo plazo, en este caso con un objetivo claramente marcado en el horizonte: los Juegos Paralímpicos de Los Ángeles 2028.
En las últimas semanas, sí ha habido reuniones entre federaciones nacionales y World Para Swimming, el organismo dependiente del Comité Paralímpico Internacional (IPC) que regula la disciplina. En esos encuentros se ha trasladado el mensaje de que el Campeonato de Europa se celebrará, que no está en riesgo su existencia como tal. Pero la falta de información mantiene a deportistas y cuerpos técnicos en una espera prolongada que dificulta cualquier planificación seria.
Durante buena parte del proceso, la organización parecía encarrilada. Eindhoven (Países Bajos) se perfilaba como sede del campeonato, ofreciendo garantías logísticas, experiencia organizativa y unas instalaciones conocidas por los nadadores. Pero el escenario cambió tras la decisión del IPC de levantar el veto a la participación de deportistas rusos bajo la figura de la neutralidad.
Esa decisión, adoptada en un contexto geopolítico aún marcado por la guerra en Ucrania, tuvo consecuencias inmediatas. Países Bajos renunció a acoger el evento al no estar dispuesto a organizar una competición en la que los atletas rusos participaran sin restricciones claras. Una postura que dejó al Europeo en un limbo organizativo y al calendario continental en suspenso.
Reuniones para encontrar nuevo escenario
El IPC y World Para Swimming trabajan, según trasladan a las federaciones, en encontrar una solución viable. Para los nadadores, esta indefinición se traduce en una carga mental añadida: entrenar al máximo nivel sin saber si tendrán un gran campeonato donde medirse a los mejores rivales, el escenario natural para evaluar su estado real de forma y seguir creciendo competitivamente.
Porque el Europeo no es una competición menor, es el lugar donde se afinan detalles, donde se aprende a competir bajo presión y donde se construye el camino hacia unos Juegos. Es, además, el escaparate en el que muchos deportistas confirman su estatus. Privarles de ese contexto supone un freno difícil de justificar desde el punto de vista deportivo.
Mientras tanto, los nadadores españoles siguen cumpliendo con su parte. Entrenan a diario, ajustan la técnica, buscan mejoras en el cronómetro y sostienen la exigencia propia del alto rendimiento. Pero lo hacen sin saber si este año podrán lucirse en un escenario que dé sentido a meses de sacrificio.
