Desde que era una cría, a María Martín-Granizo le ha gustado la adrenalina. Desafiar los límites. Sentir el vértigo en el estómago antes de lanzarse cuesta abajo o antes de remar hacia una ola que parece demasiado grande. Ya sea cabalgando el mar sobre una tabla o deslizándose por montañas heladas, su motor ha sido siempre el mismo: la libertad.
La define una sonrisa perenne, dibujada con naturalidad en su rostro. Es risueña, de ojos vivaces, osada, perseverante. Una joven que habla rápido, que ríe fácil y que nunca se recrea en la queja. A punto de cumplir 20 años, en apenas unos días hará realidad el sueño que la acompaña desde niña: competir en unos Juegos Paralímpicos de Invierno.
En Milán-Cortina 2026, la leonesa estará en el portillón de salida de Los Dolomitas, la perla italiana de la nieve, preparada para disputar el slalom y el gigante entre las mejores esquiadoras del mundo. “Desde muy pequeña soñaba con competir en unos Juegos. Me gusta soñar en grande. Nada me ha frenado”, dice.

Crecer sin límites
Tampoco la detuvo la agenesia femoral en la pierna derecha con la que nació. Su fémur era diminuto, apenas del tamaño de un hueso de aceituna; la rodilla estaba situada junto a la cadera. Le amputaron los dedos del pie y, en 2020, fue sometida a una operación compleja para crearle un fémur artificial que mejorara su funcionalidad.
Pero en su casa nunca hubo dramatismo ni fue la niña que no podía. En su crecimiento deportivo y personal hay un pilar innegociable: su familia. Nunca la ataron en corto ni limitaron sus aspiraciones. Le dieron la misma libertad que a su hermana melliza, Celia, y a su hermano mayor, Rodrigo. “Mis padres jamás me sobreprotegieron y siempre dijeron: ‘Tú haces lo mismo que tus hermanos’”, afirma.
Esa filosofía de igualdad fue su combustible. Le enseñó a no victimizarse, a no esconderse, a no pedir permiso para intentarlo. Se ha encontrado con comentarios despectivos y miradas cargadas de prejuicio, con palabras que buscan herir, pero nunca ha bajado la cabeza.
“Me tomo la vida con humor. Soy coja, pero más quisiera mucha de esa gente que dicen bobadas ser la mitad de feliz de lo que yo lo soy. Buena parte de la sociedad sigue sin avanzar. Estoy muy a gusto con mi vida: viajo, aprendo, conozco nuevas culturas a través del deporte. Las personas con discapacidad, con esfuerzo y dedicación, podemos llegar a donde nos propongamos”, recalca sin rastro de resentimiento, solo con convicción.
De pequeña probó natación, baloncesto, kárate, boxeo, skate. Necesitaba moverse, sentir el cuerpo, medir fuerzas con el mundo. Hasta que dos disciplinas la atraparon para siempre: el esquí alpino y el surf. En el mar encontró otra dimensión de equilibrio y desafío, y terminó proclamándose bicampeona del mundo en 2022 y 2023. En la nieve, descubrió el primer gran amor.

Leitariegos, el origen de la libertad
Tenía seis años cuando empezó a esquiar en Leitariegos, en León. Al principio lo hizo en monoesquí, sentada en un asiento fijado a un esquí. No le convenció. No quería contemplar la montaña desde abajo, quería sentirla bajo sus pies. “No me gustaba nada ir sentada. Mi padre me llevaba sujeta con una correa de perros enganchada a la espalda para que no me cayese. Cuando gané fuerza y empecé a esquiar sola, me sentí libre”, recuerda.
Aquella sensación marcó un antes y un después. Hoy compite en categoría de pie. Para mantener el equilibrio y ejecutar los giros utiliza dos estábilos -una especie de muletas con pequeños esquís en los extremos- que prolongan sus brazos y le permiten apoyarse en cada curva. La categoría en la que participa es, además, la más exigente del esquí.
“Es la más complicada porque hay mucha variedad de discapacidades. Me enfrento a rivales a las que les falta un brazo y no una pierna, y eso marca diferencias. No soy la más favorecida en ese aspecto, pero me lo estoy currando para dar guerra”, asume con naturalidad, sin excusas.

De promesa a realidad internacional
Sus primeras competiciones fueron en el circuito de la Cordillera Cantábrica. Después llegaron los campeonatos de España, donde subió varias veces a lo más alto del podio. Su talento no pasó desapercibido y fue reclutada por el Equipo Allianz de Promesas Paralímpicas de Deportes de Invierno, un impulso determinante en su progresión hacia el alto rendimiento.
Debutó en pruebas FIS, acudió a su primer Mundial en 2023 y, desde hace un par de temporadas, se mide con regularidad a las mejores en la Copa del Mundo. El año pasado conquistó dos medallas en Copa de Europa y dos platas en la Universiada. Fue el aviso.
Esta temporada ha llegado el salto definitivo. En febrero, en Veysonnaz (Suiza), subió por primera vez al podio de la Copa del Mundo en gigante y slalom. Superó incluso a la alemana Andrea Rothfuss, una leyenda con 14 medallas paralímpicas en su palmarés. “Ella es súper maja. Me dijo que se alegraba de que fuese yo quien le ganase. Disfruté muchísimo ese día. Había un boquete enorme en la pista y como en España estoy acostumbrada a ese tipo de nieve blanda, lo supe gestionar mejor”, dice con humildad, entre risas, como si aún le sorprendiera estar codeándose con referentes a los que admiraba hace no tanto.

Entre apuntes y portillones de salida
Lejos de las pistas, María compagina la alta competición con el Grado en Nutrición Humana y Dietética en la UNIR. Apuntes, exámenes, concentraciones, viajes. Una rutina exigente que alterna biblioteca y montaña. Tras unos días de desconexión académica, ya está centrada en su debut paralímpico. El 12 de marzo competirá en gigante; dos días después, en slalom.
En Italia sentirá el calor de una familia numerosa que viajará para acompañarla. “Mi familia lo es todo. Es mi mayor apoyo. Cuando tengo una mala carrera, todos me envían mensajes por el grupo de WhatsApp y eso me cambia el día. A los Juegos vienen una veintena a verme”, dice.
A la cita paralímpica no va de turista: “Estoy muy ilusionada. Con solo ir me siento orgullosa, es la recompensa al trabajo de tantos años. Pero no voy de vacaciones: iré a luchar cada bajada con el cuchillo entre los dientes. Me gustaría hacer un Top 10. Aunque lo más importante sería cruzar la meta y sentir que no me he dejado nada esquiando”.
Después tocará celebrar su 20 cumpleaños. Y volver al mar, a Salinas (Asturias), a enfundarse el neopreno y cabalgar olas. Porque María Martín-Granizo no entiende la vida sin movimiento. Ni sin sueños grandes.
Calendario de pruebas de María
Jueves 12 de marzo: Gigante
Sábado 14 de marzo: Slalom
