En la piscina del Centro Acuático OCBC de Singapur, el cronómetro se detuvo en 56.65 segundos. Marta Fernández estiró su brazo al límite, exhaló en un suspiro el último metro y tocó el panel con la misma determinación con la que ha nadado contra la adversidad desde niña. Bronce en la prueba de 50 metros espalda S3 en el Mundial de natación paralímpica.
Es la décima medalla mundialista de su trayectoria deportiva. Un nuevo podio bañado de constancia y bravura. Antes de la final, el oro tenía nombre y bandera: Ellie Challis, la británica, un peldaño por encima del resto. Pero la española no nadaba por lo inalcanzable, sino por su propia excelencia, por la primera presea en este campeonato, por seguir escribiendo su historia.
La salida desde la calle 3 fue firme. Cada brazada, una declaración de intenciones. Mantuvo el control en los primeros metros, en puestos de podio. A mitad de recorrido, la burgalesa apretó empujó con el alma. Cuando el muro se acercaba, lo hizo también su hambre de medalla. No pudo con Challis (oro con 53.92) ni con la estadounidense Leanne Smith (plata con 55.36), pero quedó tercera.
Una medalla que sabe a victoria
El bronce sabe a victoria. Porque detrás hay mucho más que agua. Hay espasticidad, dolor, fatiga acumulada. Hay un cuerpo que lucha con sus propias limitaciones a diario, marcado por la parálisis cerebral. Pero, sobre todo, hay una voluntad inquebrantable y una tozudez admirable, motores que han llevado a Marta a la cima de la natación paralímpica internacional.
Aún puede aumentar su botín en Singapur, ya que tiene opciones de subir al podio en las pruebas de 50 y 100 libre S3. Con esta, la selección española de natación suma ocho medallas en el Mundial.
