La noche cayó lentamente sobre el norte de Italia mientras las piedras milenarias de la Arena de Verona aguardaban en silencio. Durante casi dos mil años ese anfiteatro romano ha visto pasar imperios, óperas y multitudes. Este viernes, sin embargo, se convirtió en el escenario de una historia distinta: la inauguración de los Juegos Paralímpicos de Invierno de Milán‑Cortina 2026.
Bajo el concepto artístico “Vida en movimiento”, la ceremonia transformó el antiguo coliseo en un gran teatro contemporáneo al aire libre donde tradición, tecnología y deporte se entrelazaron durante dos horas de espectáculo.
La oscuridad dominó el recinto unos segundos. Entonces las piedras del anfiteatro comenzaron a iluminarse con proyecciones digitales que recreaban montañas, nieve y viento: los paisajes alpinos donde en los próximos días competirán los mejores deportistas paralímpicos del mundo.
La ceremonia avanzó como una sucesión de escenas coreográficas en las que bailarines con y sin discapacidad compartieron escenario. Acróbatas trazaron en el aire los colores del movimiento paralímpico -rojo, azul y verde-. El mensaje era claro: el movimiento no tiene una única forma.
La música marca el pulso
La música condujo todo el relato escénico. En uno de los momentos más potentes de la noche, el legendario baterista Stewart Copeland, histórico miembro de The Police, aportó su energía rítmica en un número que mezcló percusión, danza y proyecciones. El espectáculo también reunió al baterista rumano Cornel Hrișcă‑Munn y a la italiana Elisa Montin, en un segmento que simbolizó la diversidad dentro de la creación artística.
La modernidad sonora llegó de la mano del trío italiano Meduza, uno de los grandes nombres de la electrónica mundial, cuya sesión se mezcló con orquesta y efectos visuales para acompañar uno de los momentos centrales de la ceremonia, el desfile de las delegaciones. Pero esta vez con una imagen inédita en la historia paralímpica. La mayoría de los deportistas no estaba en la Arena.
Por primera vez en unos Juegos Paralímpicos de Invierno, gran parte de las delegaciones participaron a través de conexiones de vídeo desde las villas deportivas de Cortina y Tesero. Muchos atletas permanecieron en sus sedes de competición para preservar su preparación, desfilando de forma virtual.
En las pantallas gigantes del anfiteatro aparecían los equipos saludando, mientras en Verona apenas unos pocos portaban sus banderas sobre la pista iluminada. La escena reflejaba el carácter disperso de estos Juegos alpinos: las competiciones se reparten por varias sedes de los Dolomitas y muchos participantes optaron por quedarse cerca de las pistas.
Entre las delegaciones que no desfilaron físicamente estuvo España. La madrileña Audrey Pascual, una de las principales aspirantes a medalla en el descenso de esquí alpino, apareció en una grabación previa sosteniendo la bandera junto a sus compañeros Javier Marcos, María Martín-Granizo, Iraide Rodríguez, Alejandra Requesens, Vic Ibáñez, Emilio Redondo e Higinio Rivero.

Ausencias en señal de protesta
La ceremonia también dejó espacio para las tensiones geopolíticas. En total participarán 55 delegaciones, tras confirmarse la ausencia de Irán: su esquiador de fondo no pudo salir del país debido al conflicto bélico. Y varios comités europeos decidieron no participar en el desfile como protesta por la presencia de Rusia y Bielorrusia compitiendo bajo sus banderas nacionales. Entre los países que adoptaron esta decisión estuvieron Ucrania, Polonia, República Checa, Estonia, Letonia, Lituania y Finlandia.
Otro momento simbólico llegó con la actuación del DJ italiano Miky Bionic, nombre artístico de Michele Specchiale. Considerado el primer DJ en actuar utilizando una prótesis mioeléctrica avanzada, controló parte de la mesa de mezclas con su propio brazo artificial, en una sesión que combinó música electrónica e innovación tecnológica. El espectáculo fue presentado como una metáfora del espíritu paralímpico, transformar los límites en nuevas posibilidades.
La llama que une Milán y Cortina
En el palco oficial seguía la ceremonia el presidente de Italia, Sergio Mattarella. El momento culminante llegó con el relevo final de la antorcha paralímpica. Un vídeo proyectado en la Arena mostró el recorrido de la llama hasta llegar a Verona. Entre los relevistas aparecieron la esgrimista paralímpica Bebe Vio, junto a Gianmaria Dal Maistro y Francesca Porcellato, figuras del deporte italiano.
Un sistema de efectos especiales encendió dos pebeteros simultáneamente, uno en Milán y otro en Cortina, mientras una explosión de luz y microelementos transformaba todo el anfiteatro en un gigantesco caldero paralímpico. La Arena, con sus casi veinte siglos de historia, quedó envuelta en un resplandor simbólico.
Como broche final, diversos artistas italianos e internacionales unieron sus voces para interpretar la emblemática canción “Volare”. La música, convertida en un lenguaje común, buscó tejer una voz colectiva capaz de trascender fronteras y celebrar la diversidad.
Con la llama encendida, los Juegos Paralímpicos de Invierno quedaron oficialmente inaugurados. En los próximos días, los deportistas competirán en disciplinas como esquí alpino, snowboard, esquí de fondo, biatlón, curling en silla de ruedas y hockey sobre hielo.
Pero la imagen que deja la ceremonia inaugural es otra: un anfiteatro romano lleno de pantallas, atletas saludando desde las montañas y una celebración que mezcló pasado, tecnología y deporte. En un lugar donde la historia parece inmóvil desde hace siglos, la inauguración recordó que el movimiento siempre encuentra nuevas formas de avanzar.
