La natación paralímpica se ha consolidado como una de las disciplinas más emblemáticas del movimiento deportivo para personas con discapacidad. Combina exigencia física, técnica refinada y una enorme capacidad de adaptación, convirtiéndose en uno de los deportes más seguidos y con mayor presencia en los Juegos Paralímpicos.
Su práctica, que se realiza en piscinas de 50 metros, mantiene las bases de la natación olímpica, incorporando ajustes en salidas, virajes o asistencia según las necesidades de cada deportista.
Qué es la natación paralímpica
La natación paralímpica se rige por normas internacionales diseñadas para garantizar igualdad competitiva y seguridad. Los deportistas siguen los mismos estilos que en la natación tradicional -crol, espalda, braza, mariposa y estilos combinados-, pero pueden modificar la técnica dependiendo de su condición física.
Los nadadores inician las pruebas desde tres posiciones: desde el poyete de pie, sentados o directamente dentro del agua, una adaptación crucial para permitir la autonomía y comodidad del atleta.
Estilos en la natación paralímpica
Los estilos oficiales son:
- Crol (estilo libre)
- Espalda
- Braza
- Mariposa
- Estilos
Cada uno incorpora adaptaciones. Por ejemplo, un nadador con amputación puede ejecutar braza o mariposa con movimientos modificados. El objetivo no es cambiar la esencia del estilo, sino permitir que cada deportista compita con eficiencia y seguridad.
Clasificaciones paralímpicas
El sistema de clasificación es el corazón del deporte. No se basa en el tipo de discapacidad sino en la capacidad funcional del deportista, evaluando fuerza, movilidad, coordinación y eficiencia técnica. Busca asegurar una competencia justa.
Sistemas de clases
S: espalda, mariposa y libre
SB: braza
SM: estilos
Tipos de discapacidad por número
S1-S10: discapacidad física o parálisis cerebral
S11-S13: discapacidad visual (S11: ceguera total; S13: visión parcial)
S14: discapacidad intelectual
Cuanto más bajo es el número, mayor es la limitación funcional. Cada nadador recibe un perfil con tres clasificaciones diferentes (S, SB y SM), ya que cada estilo demanda capacidades distintas del tren superior e inferior.

Cómo se realiza la clasificación funcional
La clasificación es realizada por especialistas acreditados, incluyendo: médicos y fisioterapeutas, encargados de la valoración física; entrenadores y técnicos especialistas, encargados de la valoración técnica en el agua.
En eventos nacionales, la clasificación recae en equipos autorizados por FEDDF y FEDPC. En competencias internacionales, debe realizarse a través de un panel avalado por el Comité Internacional de Natación Paralímpica. Este sistema se implementó por primera vez en los Juegos Paralímpicos de Barcelona 1992 y sufrió ajustes significativos desde 2018, manteniéndose como requisito obligatorio para competir.
Quiénes pueden practicar natación paralímpica
Participan atletas con amputaciones, parálisis cerebral, lesiones medulares, distrofias musculares u otras enfermedades neuromotoras, discapacidad visual total o parcial, y discapacidad intelectual.
Muchos deportistas acceden a este deporte desde la rehabilitación fisioterapéutica, encontrando en la natación una vía de autonomía, salud y, posteriormente, una pasión competitiva.
Historia de la natación paralímpica
La natación forma parte del programa paralímpico desde los primeros Juegos de Roma 1960. Con los años, ha evolucionado en inclusión y número de pruebas. En Tokio 1964 se compitió en la piscina metropolitana de 50 metros y nueve carriles. En Toronto 1976 se incluyeron deportistas amputados y con discapacidad visual, multiplicando la cantidad de medallas.
En Arnhem 1980 fue el debut de deportistas con parálisis cerebral. En Sídney 2000 se produjo la primera participación de deportistas con discapacidad intelectual. La disciplina sigue creciendo en número de participantes y seguimiento mediático.
Entre las figuras históricas destaca Trischa Zorn, nadadora estadounidense con 55 medallas paralímpicas, la más laureada en la historia de los Juegos.
