Test Tokio 2020. Conociendo a Luis Miguel García-Marquina

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Luis Miguel García-Marquina Cascalla (Jerez de la Frontera, 1979). Ciclismo. En Tokio debutará en unos Juegos Paralímpicos.

¿Cuál es el primer recuerdo que tiene de unos Juegos?

El encendido del pebetero con la flecha de Antonio Rebollo en Barcelona’92.

¿Qué cosas no pueden faltar en su maleta cuando viaja para competir?

Soy un auténtico desastre, es mi mujer la que se encarga de que no me falte nada -ríe-. Eso sí, siempre me llevo mi gel.

Completa la frase. Si gana una medalla en Tokio…

Supondría el reconocimiento a todo el trabajo y esfuerzo de estos años. Con una medalla, todo el sacrificio habrá merecido la pena.

¿Qué apuesta estaría dispuesto a hacer por ganar una medalla?

Ninguna, al final no deja de ser otra carrera más. Mi apuesta o locura sería volver a trabajar a tope un ciclo más para repetir participación en unos Juegos.

¿Un momento imborrable en su carrera?

El bronce que ganamos con el Team Relay en el Mundial de Maniago (Italia) en 2018. Competimos en un entorno envidiable y acompañados por el gran Álex Zanardi.

¿Alguna manía antes de salir a competir?

Me gusta apartarme de los focos, de la gente, del staff técnico de la selección, me centro en lo que quiero hacer. Busco mi espacio y no quiero que me molesten para estar concentrado.

Un defecto y una virtud.

El impulso que tengo a veces no lo controlo y me juega malas pasadas. Y mi virtud es la constancia.

Una frase o lema.

Es una frase de Charles Chaplin: ‘Me gustan mis errores, no quiero renunciar a la deliciosa libertad de equivocarme’.

De no haber practicado ciclismo, ¿qué deporte le habría gustado hacer?

Algo relacionado con el mundo del motor, quizás los karts.

¿A qué personaje retaría en su deporte?

A Miguel Induráin.

¿Qué fotos decoraban su habitación cuando era pequeño?

Todo eran imágenes de motos, tenía las paredes empapeladas de fotos que recortaba de las revistas sobre corredores americanos.

Cuando era niño, ¿con qué soñaba ser de adulto?

Nunca me entretuve en pensar que sería de mí en el futuro, desde pequeño mi filosofía era que la vida es una y es un regalo que hay que disfrutar día a día.

Algo que aún no haya hecho y que le gustaría hacer.

Tengo la suerte de haber hecho todo lo que se me ha apetecido. Así que me gustaría revivir todos los momentos que me han llevado hasta aquí.

Si fuese presidente del Gobierno, ¿qué cosas haría o cambiaría?

Lo primero, eliminar el régimen de comunidades en este país, hay cosas que tienen que volver a ser de todos los españoles, como la sanidad o la educación. La gente quiere vivir en paz y prosperar, nos pasamos los días viendo a los políticos discutir sobre el sexo de los ángeles o sobre dónde hay que poner fronteras. Una clase política que no sabe bien la vida que llevamos los españoles.

Si pudiera cenar con cualquier personaje, ¿a quién elegiría?

A Muhammad Ali.

¿Cuál es su forma de desconectar?

Cuando estoy trabajando en mi despacho no pienso en la bici y cuando estoy entrenando me olvido de mi labor como abogado. Ese equilibrio entre ambas actividades me permite desconectar y hace que no me vuelva loco -ríe-.

¿Qué alimento nunca falta en su nevera o despensa?

Yogures y frutas.

¿En qué tarea doméstica podría aspirar a medalla?

En pasar el aspirador -ríe-.

¿Qué suele ver en televisión?

Apenas las noticias y algún evento deportivo, como el Tour de Francia, quien me lo iba a decir a mí, que nunca había visto ciclismo por televisión -ríe-.

Una canción que le motive.

‘Dangerous’, de David Guetta.

Reportaje. Luis Miguel García-Marquina, una vida a toda velocidad

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