Luis Miguel García-Marquina, una vida a toda velocidad

El deportista taranconense era una promesa del motocross hasta que un accidente con 23 años le dejó parapléjico. Ahora acelera a los mandos de la handbike, con la que se ha convertido en uno de los mejores del mundo. En los Juegos de Tokio aspira a tres medallas.

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Luis Miguel García-Marquina tras ganar una medalla en el Mundial de Portugal este año. Fuente: RFEC

A Luis Miguel García-Marquina siempre le gustó sentir la velocidad y la adrenalina. En circuitos de barro, plagado de baches y obstáculos, curvas peraltadas y saltos se encontraba en su salsa. A los cinco años ya iba a todo gas, llevaba el motocross en la sangre, fue varias veces campeón de Castilla-La Mancha y era una promesa a nivel nacional. Hasta que un accidente le dejó parapléjico, pero mantuvo intactas sus ganas de competir y seguir en el deporte. Una década después volvió a calarse un casco, esta vez de ciclismo, en el que ahora triunfa acelerando a los mandos de su handbike.

Este curso ha sido el de su consagración en la élite, ganando tres medallas en el Mundial de Cascais (Portugal) que le permiten soñar en grande en los Juegos Paralímpicos de Tokio. “La recompensa a tantos años de trabajo ha costado, podré cumplir el objetivo que he perseguido todo este tiempo”, afirma con una sonrisa. El deportista de Tarancón (Cuenca) lleva varias temporadas probando las mieles del éxito gracias a su lucha incansable, desafiando cada curva y apurando en cada frenada. Sentir el riesgo y poner su cuerpo al límite es algo que lleva haciendo desde que era un crío.

Su vida dio un giro en una carrera en Albacete en 2002. “A los diez metros de la salida, la moto me golpeó el trasero, perdí fuerza y caí de lado. No me hice ninguna herida o rasguño, había tenido anteriormente caídas más graves, pero en esa ocasión la mala suerte se cebó conmigo y la vértebra se me desplazó, dejándome una lesión medular”, relata. Al principio fue un mazazo, solo tenía 23 años y llevaba dos ejerciendo la abogacía. Le costó digerir el trance no por su nueva situación, sino por la desinformación que tenía sobre el mundo de la discapacidad. “Ese fue mi único miedo, no sabía a lo que me enfrentaba. Me armé de positivismo, no quería perder el tiempo en lamentaciones”, asegura.

En el Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo descubrió el baloncesto en silla de ruedas, modalidad a la que estuvo ligado durante diez años con el Peraleda, siendo subcampeón de la Copa del Rey y de Europa. “Aunque el basket no me gustaba en exceso, me hacía sentir vivo, jugaba porque me mantenía bien físicamente, pero nunca llegué a encajar pese a que en esa etapa jugaba de titular, incluso mi nombre sonó para ir con el equipo español. Compartí cancha con grandes como Sonia Ruiz, Asier García, Agustín Alejos o Fran Lara, baluartes de la selección. En Tokio nuestros caminos volverán a cruzarse, es un orgullo”, apunta.

El ciclismo se cruzó en su vida

En 2014, por casualidad, empezó a centrarse en la que se ha convertido en su otra pasión, también relacionada con las ruedas. El ciclismo tomó atractivo para García-Marquina a raíz de una media maratón que corrió en Madrid animado por un amigo de la infancia. “Casi me muero ese día, llegué a la meta molido -ríe-. Pero enseguida noté ese flechazo, sabía que se me podía dar bien, era lo más parecido a lo que hacía antes del accidente, lo mío eran las curvas y la velocidad”, comenta. Apenas unos meses después quedó penúltimo en el Campeonato de España en Ciudad Real. Al año siguiente fue tercero y ya lleva nueve títulos consecutivos en categoría H3.

En el panorama internacional debutó en 2016 y se llevó un chasco al comprobar el nivel que había. “Hice resultados desastrosos, estaba desmoralizado porque mis rivales volaban, me pasaban por encima y llegué a plantearme si seguía. De hecho, en 2017 solo corrí por España. Pero en 2018, para sorpresa mía, el seleccionador Félix García Casas me llamó para la Copa del Mundo en Emmen (Holanda) y a partir de ahí todo ha venido de carrerilla”, subraya. En el asfalto holandés ganó un bronce, el mismo metal que se colgó con el Team Relay en el Mundial de Maniago (Italia) en 2018. También en Emmen en 2019 subió al podio en el Campeonato del Mundo con otro bronce en la ruta.

Y esta temporada ha explotado con una actuación soberbia en el Mundial de Cascais (Portugal): bronce en la prueba en línea y platas en la contrarreloj y en el Team Relay junto a Sergio Garrote e Israel Rider. “Sin atajos, con una evolución constante, he conseguido estar a la altura de los mejores. Cuando se abrió la posibilidad de acudir a Tokio me lo tomé más en serio, cambié la preparación física y mental, la nutrición, el descanso, toda esa suma hizo que diera un salto importante”, asevera.

De luchar por estar en la cabeza del pelotón a ser número dos del ranking mundial y aspirar a todo en sus primeros Juegos Paralímpicos. “Me lo tomo con cierta calma, el trabajo realizado me ha generado confianza para afrontar este reto, que no deja ser una competición más. Quiero devolverle la confianza al seleccionador por haber apostado por mí”, dice. El taranconense se ve con opciones de presea en las tres pruebas: “En la crono puedo estar entre los tres primeros y en la ruta, que tiene un recorrido exigente, confío en desenvolverme bien para llevarme una medalla”.

El Team Relay es una de las bazas que tiene la selección de ciclismo, lleva casi cuatro años acumulando éxitos y en Tokio figura entre los favoritos junto a Italia y Estados Unidos. “Somos competitivos, un equipo compensando y con gran pundonor, transmitimos esa garra, genio y carácter que tiene el pueblo español cuando une sus fuerzas por un objetivo común. Hemos demostrado que podemos ganar a italianos y a americanos, así que aspiramos al oro”, añade García-Marquina.

TEST TOKIO 2020. Conociendo a Luis Miguel García-Marquina

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