Toni Ponce volvió a brillar en el Mundial de natación paralímpica que se celebra en Singapur, logrando su segunda medalla de plata en apenas 24 horas. El nadador catalán fue segundo en los 100 metros braza SB5, su prueba favorita, quedándose a tan solo dos centésimas del oro en una final de máxima exigencia. La victoria fue para el ruso Andrei Granichka, viejo conocido en la piscina y rival habitual del español.
Ponce, que ya había subido al podio en los 200 estilos SM5 el día anterior, volvió a mostrar su carácter competitivo en el Centro Acuático OCBC. La final arrancó con fuerza por parte del suizo Leo McCrea, campeón paralímpico en París, que lideró los primeros metros. Por su parte, el barcelonés, que debido a su discapacidad parte desde dentro del agua y no desde el poyete, tuvo una salida menos explosiva pero fue recuperando posiciones con determinación.
A dos centésimas de la medalla dorada
En el viraje, Granichka tomó la delantera y a mitad de la carrera el nadador de Vilafranca del Penedès adelantó al suizo y protagonizó un mano a mano memorable con el ruso. El esfuerzo fue titánico, pero el cronómetro no perdonó: 1:27.32 para Ponce, frente a los 1:27.30 de Granichka. Una diferencia imperceptible, una uña, un suspiro.
Aunque satisfecho con su rendimiento y la medalla, no pudo ocultar cierta decepción al ver lo cerca que había estado de lo más alto del podio. La plata sabe a gloria, pero también a la amarga miel de lo que pudo ser.
Con este nuevo metal, Ponce reafirma su condición de referente en la natación paralímpica española. Tres veces campeón del mundo y de Europa en esta prueba, plata paralímpica en Tokio 2020 y en París 2024, la plata lograda en Singapur sabe a reivindicación personal. No tanto por el color de la medalla como por lo que representa: seguir disfrutando del agua sin la presión del pasado.
Tras el sinsabor vivido en París en 2024, donde se quedó a las puertas del oro, Ponce se planteó dejar la alta competición para dedicar más tiempo a su familia. Se marchó del CAR de Sant Cugat (Barcelona) y del grupo que lidera Jaume Marcé, y comenzó a entrenar con Albert Vivas, más cerca de casa. Una decisión que ha marcado un nuevo ciclo: menos exigencia, más disfrute. Pero con la misma hambre competitiva que siempre lo ha caracterizado.
