La nieve, a veces, también sabe escribir finales inesperados. Después de varios días acostumbrada al brillo de las medallas y al eco del himno español en las montañas italianas, Audrey Pascual se encontró con el lado más áspero del esquí alpino en los Juegos Paralímpicos de Milán-Cortina. Una caída en el tramo final del gigante la dejó fuera de una carrera en la que volvía a apuntar al podio.
La madrileña de 21 años había convertido el centro alpino de Tofane, en los Dolomitas, en su territorio. Oro en supergigante, oro en combinada y plata en descenso. Tres pruebas, tres medallas. Todo parecía conducir hacia un cuarto metal. Pero el esquí nunca firma contratos con la lógica.
La mañana amaneció húmeda, con una niebla fina abrazando las montañas. En el gigante, una disciplina donde la velocidad y la precisión conviven al límite, Audrey salió agresiva. Su esquí era limpio, decidido, con angulaciones precisas y un ritmo intenso entre cada giro.
La española, que compite en categoría LW12-2 para deportistas que esquían sentadas, estaba firmando una primera manga de nivel. El cronómetro insinuaba posiciones de cabeza, hasta que llegó ese momento. En el tramo final, tras superar una puerta, la silla rebotó en una irregularidad del terreno. Un giro extraño, un desequilibrio y la caída. La carrera terminó allí.
Se levantó cariacontecida, consciente de que se escapaba otra oportunidad de medalla. El golpe obligó a activar el protocolo médico y fue trasladada al hospital para someterse a pruebas, aunque el susto quedó solo en eso ya que no sufre daños físicos. Ahora queda recomponerse. El sábado le espera el slalom, la última prueba de sus Juegos, donde intentará cerrar con un cuarto metal que redondee una actuación ya histórica.

La mala suerte de Martín-Granizo
Tampoco la fortuna sonrió a María Martín-Granizo en la categoría standing, destinada a deportistas con discapacidad física que compiten de pie. La leonesa, de 19 años, había firmado una actuación sólida en la primera manga, clasificándose entre las nueve mejores y acercándose al diploma paralímpico.
Con técnica depurada y valentía en cada trazada, detuvo el cronómetro en 1:16.24. Sin embargo, en la segunda bajada, cuando estaba mejorando su rendimiento para escalar posiciones, se le escapó uno de los estábilos -una especie de muletas con pequeños esquís en los extremos-, impidiéndole terminar la prueba. Un sabor agridulce para la joven deportista.
Mientras tanto, la jornada también dejó motivos para sonreír al equipo español. En la categoría sentada, la madrileña Iraide Rodríguez debutó en unos Juegos tras recibir una invitación bipartita de última hora. Lejos de acusar la presión, se defendió con soltura en la pista y terminó en la 11ª posición. La misma clasificación obtuvo la pareja formada por Alejandra Requesens y su guía Vic Ibáñez en la categoría para esquiadoras con discapacidad visual con un tiempo total de 3:21.72.
Hace apenas unas semanas, Alejandra trabajaba en su oficina de Londres en el sector financiero cuando recibió la llamada que cambiaría su invierno: tenía plaza para competir en Milán-Cortina. Este jueves, en perfecta sincronía con su guía, descendió con prudencia y emoción por la pista paralímpica. Cinco españolas compitiendo en el gigante, una imagen que no se veía desde hace dos décadas, desde Turín 2006.

