El silencio en la galería de La Chapelle-Saint-Luc era una hebra tensa que cruzaba el aire y mantenía en vilo cada respiración. A diez metros, un blanco diminuto aguardaba el latido exacto. Y entonces, Fernando Michelena tocó por fin el metal que tantas veces había rozado: plata en el Grand Prix de tiro olímpico de Francia, su primera medalla internacional.
Durante dos décadas ha apretado el gatillo como quien sostiene una promesa. Jamás imaginó que una carabina sería la extensión de su brazo. De joven afinaba la puntería en ferias de pueblo, derribando palillos de madera con escopeta de perdigones. A sus 53 años, y con una distrofia muscular de cinturas que debilita progresivamente los músculos, el vasco ha convertido la fragilidad en disciplina y precisión.
Junto a su asistente y cargador, José Montero, llegó al primer test de la temporada con ajustes recientes en el arma y una convicción nueva. En la modalidad de pie R4 se quedó a las puertas del podio, quinto, con ese regusto a oportunidad pendiente. Pero el guion cambió en la carabina de aire tendido R5, categoría SH2 -compite en silla de ruedas-. Desde la clasificación, Michelena marcó territorio: 636.6 puntos, segunda mejor tarjeta entre trece tiradores, solo por detrás del francés Justine Beve.
Medalla y con récord de España
En la final, disparo a disparo, sin estridencias, fue desmontando rivales con la regularidad de un metrónomo. Superó al galo Vincent Fagnon y se quedó frente a frente con Beve. El duelo tuvo cálculo, pausa y sangre fría. No pudo doblegar al francés, pero cerró con 254.5 puntos tras 24 tiros, récord de España en finales de su categoría. Se colgó la plata y la sostuvo como si fuera una certeza.
“Es el resultado de muchos años de trabajo. He entrado en las dos finales y en R5 sabía que podía hacer algo después de los cambios que habíamos hecho. Estoy muy contento, con récord nacional de finales en mi categoría. La pena es que mi mujer -falleció en 2024- no lo está viviendo, pero seguro que estará contenta y orgullosa”, ha comentado.
En 2006, cuando tomó por primera vez una carabina de aire comprimido en la ciudad deportiva de Anoeta, no había medallas en el horizonte, solo curiosidad y constancia. Desde 2014 encadena títulos en campeonatos de España, pero el salto a los metales internacionales se le resistía. En Francia, esa puerta cedió. La plata es una inyección de moral para pelear esta temporada en el Mundial de Corea por una plaza directa para los Juegos Paralímpicos de Los Ángeles 2028.
