En la galería de La Chapelle-Saint-Luc, Juan Saavedra volvió a hacer lo que mejor sabe: convertir la precisión en autoridad. El gallego abrió la temporada internacional conquistando el oro en carabina de aire tendido diez metros R3 en el Grand Prix de tiro olímpico de Francia. Y, por si quedaba alguna duda, unas horas después añadió la Copa Champagne a su colección.
No es un triunfo más, es una declaración del gran momento que atraviesa. El pontevedrés, actual número uno del ranking mundial y triple medallista paralímpico -plata en Londres 2012, bronce en Tokio 2020 y en París 2024- firmó una clasificación impecable con 635.8 puntos. Fue el mejor desde el inicio. Pero las finales no entienden de estadísticas, exigen pulso, carácter y una respiración capaz de ordenar el caos interior.
En los primeros compases de la lucha por las medallas se situó segundo, apenas una décima por detrás de la francesa Séverine Dedourge. Diez disparos después, seguía a rebufo. Entonces Saavedra dio el paso al frente, tomó la cabeza y ya no la soltó. Fueron cayendo rivales y aseguró el podio. Luego dejó atrás al francés Jean-Louis Michaud y el oro quedó reducido a un duelo eléctrico con la israelí Yulya Chernoy.
No tembló. En los dos últimos tiros clavó un 10.6 y un 10.7. Precisión y serenidad de campeón. En total, 254.1 puntos, cinco décimas más que Chernoy, suficientes para inaugurar la temporada desde lo más alto del podio.
Pero Saavedra no se conformó. Horas después regresó a la línea de tiro para disputar la Copa Champagne, una prueba directa de 60 disparos sin final añadida. Y volvió a ser el más constante: 637.4 puntos, por delante del francés Cedric Fevre (635) y de la propia Chernoy (634.4).
Dos competiciones, dos victorias y un mensaje claro para el año que comienza. En el horizonte asoma el Mundial de Corea, primera oportunidad para sellar el billete hacia los Juegos de Los Ángeles 2028. El curso apenas empieza, pero el gallego ya marca territorio.

Carlos Linares, caída y redención
La competición en Francia también dejó una historia de resistencia. Carlos Linares vivió una montaña rusa emocional. El jienense, asentado entre la élite mundial tras un brillante 2025, rozó el podio en pistola de aire diez metros categoría SH1 al ser quinto en el Grand Prix. Sin embargo, en plena final sufrió una crisis de espasmo derivada de su lesión medular. La tensión física le arrebató la estabilidad necesaria y terminó quinto.
Pero el deporte concede segundas oportunidades en cuestión de horas. En la Copa Champagne, Linares regresó con determinación. Sin estridencias, disparo a disparo, construyó su victoria: 569 puntos. Cuatro más que Jakub Kosek y ocho por encima de Tomas Pesek, ambos tiradores checos. Esta vez no hubo interferencias, solo temple y puntería.
El tiro español se marcha de Francia con un arranque de temporada que suena a ambición. Ya que el primer día el vasco Fernando Michelena se llevó también una plata en carabina de aire tendido R5, categoría SH2, que supone su primera medalla internacional.
