Con las gafas bien ajustadas, una cinta blanca sujetando su indomable pelo rizado y una sonrisa que no escondía la emoción del momento, Higinio Rivero se deslizó sobre la nieve helada de Tesero, en pleno corazón de los Dolomitas italianos. Sentado en una estructura de aluminio fijada a los esquíes, el bilbaíno escribió una pequeña página de la historia del deporte español al convertirse en el primer representante en competir en biatlón en unos Juegos Paralímpicos de Invierno.
Su estreno en el sprint de 7,5 kilómetros de la cita de Milán-Cortina 2026 se saldó con un meritorio vigésimo puesto, un resultado que va mucho más allá de la clasificación final. Porque, en realidad, el logro ya estaba en la salida.
España apenas cuenta con tradición ni infraestructuras para practicar biatlón. Higinio lo sabe bien, porque para entrenar ha tenido que viajar a distintos puntos de Europa para encontrar circuitos específicos. Cuando no hay nieve, se prepara sobre asfalto con rollerski y practica los disparos en seco en casa con su carabina. Aun así, en apenas un par de años en este deporte ha logrado abrirse camino hasta la élite.

Buenas sensaciones
El escenario no podía ser más espectacular. El sol brillaba en un cielo azul intenso que recortaba los picos del Val di Fiemme alrededor del centro nórdico de Tesero. Allí tomó la salida el español, motivado y con ganas de demostrar todo lo aprendido en su corta pero intensa trayectoria en el biatlón.
El vasco comenzó con buen ritmo. En el primer kilómetro y medio se situó en la decimoséptima posición, mostrando competitividad frente a especialistas con mucha más experiencia. Sin embargo, en la primera parada de tiro llegaron las dificultades: dos errores ante la diana situada a diez metros le hicieron descender hasta el puesto 21 por la doble vuelta de penalización.
Lejos de venirse abajo, mantuvo la determinación en un circuito exigente, con subidas y curvas que ponían a prueba la resistencia de los competidores. En la segunda tanda de tiro se tomó su tiempo, ajustó la carabina bajo el mentón, controló la respiración y acertó cuatro de los cinco disparos.
Con un solo fallo en esa segunda parada, el bilbaíno afrontó los últimos 3,5 kilómetros decidido a mantener su posición. Lo consiguió cruzando la meta en 23:34.1, dentro del Top 20 en su debut paralímpico invernal. El oro fue para el ucraniano Taras Rad, mientras que los chinos Mengtao Liu y Zixu Liu completaron el podio con la plata y el bronce.
Para Higinio, sin embargo, la historia empezó mucho antes de esta carrera. En 2013 sufrió una lesión medular tras caer desde 15 metros mientras escalaba en Ramales de la Victoria, en la Cordillera Cantábrica. Desde entonces, el deporte se convirtió en su motor. Primero llegó el piragüismo, con la canoa logró medallas mundiales y europeas y con la que participó en los Juegos de Tokio 2020 y París 2024. Ahora ha encontrado en la nieve un nuevo desafío.
A sus 43 años vive otra aventura deportiva. Y aún le quedan capítulos por escribir en estos Juegos. Este domingo disputará la prueba larga de biatlón, de 12,5 kilómetros, antes de afrontar también dos pruebas de esquí de fondo. Cuando complete ese programa, el deportista vasco se convertirá en el primer español en competir en tres disciplinas distintas entre Juegos Paralímpicos de Verano e Invierno, confirmando que su espíritu competitivo no entiende de estaciones.
