El sol caía limpio sobre Tesero, iluminando la nieve dura del circuito del Val di Fiemme, en el corazón de los Dolomitas. El frío apenas mordía -tres grados en el aire, cero en la nieve- cuando Higinio Rivero se lanzó a la pista. Sonreía. Era el gesto de quien sabe que ya está haciendo historia.
Sentado en su sit-ski, sobre la estructura metálica con la que compite -tiene una lesión medular desde que una caída de quince metros mientras escalaba le cambiara la vida en 2013-, el español volvió a desafiar a uno de los deportes más exigentes del invierno: el biatlón. En los Juegos Paralímpicos de Milán-Cortina firmó un meritorio 23º puesto en la prueba de 12,5 kilómetros, confirmando que España, pese a no tener tradición ni infraestructuras específicas para esta modalidad, también puede asomarse a la élite.
No fue una carrera cualquiera. El día anterior, Higinio ya había entrado en la historia al convertirse en el primer biatleta español en unos Juegos Paralímpicos, con un 20º puesto en el sprint. Esta vez volvía a la pista con el mismo objetivo, aprender, competir y seguir creciendo.
En su primer paso por el campo de tiro, con la carabina de aire apuntando a las pequeñas dianas situadas a diez metros, solo dejó escapar un disparo. Un error mínimo que le situaba provisionalmente 19º, entre algunos de los mejores especialistas del mundo.

Cuatro fallos en la segunda parada de tiro
Sobre la nieve, el bilbaíno se movía con determinación. Curvas rápidas, alguna subida exigente y un ritmo sólido que le permitía ganar posiciones. El español, acostumbrado a entrenar lejos de grandes centros de biatlón, improvisando sesiones con rollerski cuando no puede viajar a Europa para encontrar nieve, demostraba que su progresión no es casualidad. Pero el biatlón siempre guarda un giro inesperado.
En la segunda tanda de tiro llegó el momento que terminó marcando la carrera. Higinio, que en los entrenamientos previos había mantenido un porcentaje de acierto superior al 95%, no se sintió cómodo con la carabina. Cuatro disparos fuera de la diana. Cuatro minutos de penalización. El golpe fue duro, el reloj corría sin piedad.
Pero no se detuvo a lamentarse, continuó empujando con fuerza en cada tramo del circuito. Volvió al campo de tiro en el puesto 24 y, esta vez, se tomó unos segundos más. Respiró, despejó la mente y volvió a empezar. Solo un fallo.
En la última tirada repitió: rapidez en el gatillo, concentración máxima, otro único error. Cuando salió del estadio para completar la última vuelta, ya se había instalado en el puesto 23. A la meta llegó con un tiempo de 45:06.8. La victoria fue para el chino Zixu Liu, impecable en el tiro, seguido por su compatriota Zhongwu Mao, mientras el ucraniano Taras Rad se llevó el bronce.
Higinio, que antes de descubrir el biatlón fue medallista mundial y europeo en piragüismo, cambiará ahora el biatlón por el esquí de fondo. El martes disputará el sprint de un kilómetro, donde se convertirá en el primer español de la historia en competir en tres deportes entre Juegos Paralímpicos de verano e invierno.
