Entre las agujas de roca rojiza y los glaciares que resplandecen bajo el sol alpino, arrancan los Juegos Paralímpicos de Invierno de Milán-Cortina 2026, que se celebran del 6 al 15 de marzo en el norte de Italia. Cincuenta años después de la primera edición invernal del movimiento paralímpico, el deporte vuelve a elevarse entre cumbres.
La ceremonia de apertura se celebrará en el histórico Arena di Verona, un anfiteatro romano del año 30 d. C., Patrimonio de la Humanidad, que por primera vez acoge un evento de esta magnitud. La clausura tendrá lugar en Cortina d’Ampezzo, la reina de los Dolomitas, epicentro alpino de esta edición.
Más de 600 atletas procedentes de casi 50 países competirán en 79 pruebas con medalla (39 masculinas, 35 femeninas y cinco mixtas) repartidas en seis disciplinas. Es la edición más amplia hasta la fecha, una geografía deportiva que une el dinamismo urbano de Milán con la solemnidad mineral de Cortina y el valle de Fiemme.
El programa incluye esquí alpino, biatlón, esquí de fondo, hockey sobre hielo, snowboard y curling en silla de ruedas. Desde Örnsköldsvik 1976 -cuando apenas 198 atletas de 16 países compitieron en dos disciplinas- hasta hoy, el crecimiento ha sido exponencial. Milán-Cortina 2026 marca el 50 aniversario de aquella semilla y los 20 años desde que Italia acogiera por última vez unos Juegos Paralímpicos de Invierno, en Turín 2006.

Un paisaje vertical
Se trata del rincón más afamado de los Dolomitas. Campanarios de roca suspendidos sobre el vacío, fortalezas naturales de dolomía roja que se tiñen de rosa al atardecer. A sus pies, dos mil metros más abajo, se abre el valle donde descansa Cortina, alpina y cosmopolita.
Desde el teleférico Freccia nel Cielo, que asciende hasta la Tofana di Mezzo a 3.244 metros, el paisaje parece un océano petrificado. Allí, donde el aire es más fino y el silencio más puro, se disputarán algunas de las pruebas más exigentes del programa.
Las competiciones se distribuyen en tres grandes núcleos: el área metropolitana de Milán -donde el hockey sobre hielo se jugará en el Milano Santagiulia Ice Hockey Stadium-, el complejo montañoso de Cortina y el enclave nórdico de Val di Fiemme. El torneo de curling en silla de ruedas ya comenzó el día 4 de marzo, y debutará la nueva prueba de dobles mixtos.
España, juventud y debut en altura
España aterriza en Italia con una delegación de ocho deportistas, cinco mujeres y tres hombres, todos debutantes en unos Juegos Paralímpicos de Invierno. Un relevo generacional que mezcla ilusión y ambición.
El bilbaíno Higinio Rivero hará historia al convertirse en el primer español en competir en biatlón paralímpico, además de doblar participación en esquí de fondo. En snowboard, Emilio Redondo recogerá el testigo de pioneros como Astrid Fina -bronce en Pyeongchang 2018- y competirá en banked slalom y snowboard cross.
En esquí alpino, la gran referencia es Audrey Pascual, abanderada del equipo. Con solo 21 años, llega tras una temporada deslumbrante en la Copa del Mundo, con 17 medallas -diez de oro- y cuatro Globos de Cristal en categoría sentada. Junto a ella, María Martín-Granizo, Iraide Rodríguez, Alejandra Requesens con su guía Vic Ibáñez y Javier Marcos completan una escuadra diversa y prometedora.
Por primera vez, la representación femenina supera a la masculina. Un dato simbólico que habla de la evolución del deporte adaptado en España.
Memoria y desafío
España ocupa el 18º puesto en el medallero histórico paralímpico invernal, con 43 metales desde su debut en Innsbruck 1984. El techo llegó en Nagano 1998, cuando los esquiadores ciegos Magda Amo, Eric Villalón y Juan Carlos Molina conquistaron ocho oros y elevaron al equipo al séptimo puesto mundial.
Desde entonces, ha habido altibajos, glorias como las de Jon Santacana y Miguel Galindo, y también sequías como la de Pekín 2022. Milán-Cortina representa una nueva página en esa historia.
Entre las torres de dolomía y la nieve compacta, el deporte paralímpico vuelve a escribir su relato. Mientras las montañas observan, abajo, en las pistas y los estadios, el movimiento es puro pulso humano. Durante diez días, el mundo mirará hacia el norte de Italia, donde la inclusión se mide en segundos, en centésimas y en coraje.
