Martínez Tajuelo deja la natación y encuentra nueva ilusión en la boccia

El andaluz abandona la alta competición en la piscina tras 17 años cosechando éxitos, con 22 medallas entre mundiales y europeos, y 10 diplomas en cuatro Juegos Paralímpicos.

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Miguel Ángel Martínez Tajuelo durante una competición. Foto: CPE

En el agua, a golpe de brazadas, lograba disipar los problemas de movilidad por la atrogriposis con la que nació, una enfermedad neuromuscular rara que provoca contracturas en las articulaciones. La piscina ha sido su hábitat natural, lugar que le aportaba libertad y en la que ha librado innumerables batallas a lo largo de una carrera cargada de éxitos. Tras 17 años en la élite, Miguel Ángel Martínez Tajuelo cuelga el gorro y el bañador. Dice adiós a la modalidad que tantas alegrías le ha reportado, pero no al deporte, ya que ha encontrado una nueva ilusión en la boccia.

Deja la natación, que para él empezó siendo una actividad terapéutica más, aunque después se convirtió en su motor de vida cuando inició el camino competitivo. “Me ha dado disciplina, autoconfianza, ganas de trabajar y luchar por conseguir los objetivos por mí mismo. Y, sobre todo, muy buenos amigos y gente maravillosa que me ha dado lecciones. Me llevo muchos valores deportivos que me van a acompañar siempre y que puedo aplicar en cualquier aspecto de mi día a día”, explica.

El jienense pasó del miedo al valor en la piscina tras eliminar de su cabeza el ‘no puedo’ y la palabra rendición. “Mis primeros retos eran cómo acceder a la piscina, cambiarme en un vestuario o poder nadar. Más que los obstáculos físicos de la propia enfermedad, tuve que romper mis barreras mentales. De pequeño me escudaba en mi discapacidad y para mí era fácil decir que no podía hacer algo. Hasta que me convencí de que tenía que desenvolverme por mis propios medios, sacarme las castañas del fuego, y gracias a esas enseñanzas conseguí avanzar”, recalca.

Hubo un episodio en su niñez que le marcó para siempre y significó un antes y un después: “Vivíamos en un primero sin ascensor y un día, al regresar del colegio, mis padres me dijeron que, si quería comer, tenía que subir las escaleras sin ayuda. Me costó mucho llegar a casa, pero lo hice. Eso me enseñó que mis problemas de movilidad no me impedían conseguir todo lo que me propusiera, solo había que trabajar y esforzarse”. Desde entonces siempre salió adelante a base de voluntad y redaños. Y cuando lo ponían a prueba, él redoblaba la apuesta.

El jienense Tajuelo durante los Juegos Paralímpicos de Río de Janeiro 2016. Foto: CPE

En 2006 en la piscina de Andújar, rodeado de mares de olivos, supo reunir su coraje, talento y ambición para abrirse paso en un mundo desconocido y convertirse en un nadador sin límites y asiduo a podios internacionales. Tenía 22 años cuando Simón Cruz -el jugador español de parabádminton con mejor palmarés- le presentó a Esperanza Jaqueti, entrenadora del Club Fidias de Córdoba, su guía, la persona que le brindó su confianza. “Existo como deportista gracias a ella, todo lo que he aprendido se lo debo, es mi otra mitad, sin ella no habría llegado tan lejos”, subraya.

Desde que unieron sus fuerzas logró labrarse un palmarés destacado, con 22 preseas entre mundiales y europeos, fue titular del récord del mundo en 100 espalda S3 y aún siguen vigentes sus récords de España en 100 y en 200 libre. “A la medalla que más cariño le guardo es a la plata en 50 espalda en el Mundial de Eindhoven (Países Bajos)”, confiesa. El punto de partida para su despegue fue una prueba en el Open de Murcia en 2008 en la que hizo la marca mínima para acudir a los Juegos Paralímpicos de Pekín. “Imposible olvidarlo, ya se cerraba el plazo y allí alcancé la clasificación para mis primeros Juegos, que sirvieron de aprendizaje”, dice.

Luego acudió a Londres 2012, cita en la que estuvo cerca del podio con un cuarto puesto. “Fue la confirmación de que tenía potencial para estar entre los mejores. Los de Río de Janeiro 2016 fueron un regalo, luché mucho ya que las marcas estaban muy difíciles, y certifiqué mi nivel competitivo. Y los últimos, los de Tokio 2020, fueron una lucha sin tregua para conseguir el billete. Vino la pandemia del coronavirus y tuve que acreditar otra vez las marcas. Fue un reto tanto la clasificación como la competición, pero me fui contento porque estuve en tres finales y no es algo fácil”, relata.

Martínez Tajuelo durante un entrenamiento en su nuevo deporte, la boccia.

En cuatro Juegos, 10 diplomas paralímpicos. Le faltó la medalla, aunque para él “no es ninguna espinita clavada, he dado todo lo mejor, he luchado hasta el final y con eso me quedo. Conseguí más de lo que esperaba cuando empecé en natación. Es un orgullo y una gran satisfacción, ha merecido la pena todos los años de trabajo”. Se queda con todo lo aprendido en una carrera que le ha aportado una serie de principios que le han hecho crecer como persona y superarse a sí mismo.

Pero para Tajuelo, esto es un punto y seguido. Continuará ligado al deporte, en concreto, a la boccia. Ya lleva unos meses domando las bolas de cuero azules y rojas: “Mi aventura deportiva no acaba aquí. La boccia no la había probado antes, ya llevo desde el año pasado compitiendo y no se me da mal, he ganado algunos partidos, pero estoy aprendiendo, ahora mismo no tengo un nivel para pensar en cosas importantes. Lo que me llamó la atención es que no tiene nada que ver con las capacidades físicas que se requiere en la natación. Eso sí, exige mucha concentración, estrategia y visión de juego”.

Un cambio refrescante en la rutina de los últimos años del andaluz, que encara el nuevo desafío con avidez. De momento, la pasada semana ya disfrutó de su primera convocatoria con la selección española en el CAR de San Cugat (Barcelona). “Afronto esta etapa con motivación y con mucha ilusión. La concentración me resultó de utilidad para aprender detalles técnicos y tácticos. No pienso que a corto o medio plazo pueda debutar internacionalmente, es un deporte del que apenas sé nada. No tengo todavía nivel, pero una vez soñé con ir a unos Juegos en natación y al final acudí a cuatro. Mi objetivo es entrenar mucho, pero sí sueño con estar en mis quintos Juegos Paralímpicos con otro deporte”, apostilla.

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